Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) fue elegida académica en enero 2010 y es la sexta mujer que ingresa en la RAE. Cinco mujeres -frente a más de 1000 hombres- son las únicas que, hasta ahora, habían logrado ingresar en la RAE (fundada en 1713 y que cuenta con 44 asientos): Carmen Conde (1979); Ana María Matute (1996); la historiadora Carmen Iglesias (2001); la científica Margarita Salas (2002); y la filóloga Inés Fernández-Órdóñez (2008). Soledad Puértolas es autora de La vida oculta (premio Anagrama de Ensayo 1993) y debutó en literatura con El bandido doblemente armado (1979). En 1989 ganó el premio Planeta con Queda la noche. Con más de una treintena de obras, es una de las autoras más destacadas de la narrativa española.
Visita a la sultana, por Mary Wortley Montagu
Enero 26, 2010Iba a ver a la sultana Hafiten, favorita del difunto emperador Mustafá, quien ya lo sabéis, o puede que no lo sepáis, fue destronado por su hermano Ahmet, el actual sultán, y murió poco tiempo después, se cree que envenenado. Ahmet dio orden de que la sultana abandonase el Serrallo y de que eligiese un esposo entre los principales personajes de la Puerta. Imaginaréis, supongo, que esta proposición le encantaría. Pues no fue así. Estas mujeres que son consideradas y que se consideran a sí mismas como reinas, ven en esta libertad el mayor ultraje que infligírseles pueda. Hafiten se arrojó a los pies del sultány le suplicó que la matase antes que obligarla a semejante humillación. Alegó que, al haber dado cinco príncipes a la familia Otomana, esta afrenta debía serle evitada. Pero como los príncipes habían muerto y sólo le quedaba una hija, sus lamentaciones fueron inútiles y se vio empujada a obedecer al sultán. Tomó por esposo a Bekir Effendi, por entonces ministro y octogenario, para convencer al mundo del voto que había hecho de no mantener relación alguna con ningún hombre. Al haberse visto forzada a conceder a uno de sus súbditos el insigne honor de ser llamado esposo suyo, eligió a éste en testimonio del reconocimiento que ella le había profesado por haberla presentado, cuando tenía apenes diez años, al difunto sultán, su señor.
Hace ya quince años que ella habita la morada de Bekir Effendi sin haber consentido ni una sola vez en verle y su dolor sigue siendo tan profundo como el primer día. He aquí, en verdad, una fidelidad poco común en Europa, y especialmente si se trata de una viuda de veinte años, pues ella tiene hoy treinta y seis. No tiene eunucos negros que la protejan, ya que su marido está obligado a respetarla como a una reina y a no indagar sobre lo que ella hace.
Al llegar, me llevaron a una amplia habitación, con un sofá a lo largo de la misma, adornada con columnas de mármol blanco formando una especie de callejón, y cubierta de terciopelo azul pálido con figuras sobre un fondo de plata y cojines parecidos. Me rogaron que me sentase mientras esperaba a la sultana, que había utilizado este subterfugio para evitar tener que levantarse a mi entrada. Cuando apareció me levanté y ella me saludó con una inclinación de la cabeza. Yo estaba muy feliz al observar a una señora que había sido distinguida por el favor de un emperador, a quien bellezas se presentan todos los días de todas partes del mundo. Pero ella no me parece que haya sido un medio tan hermoso como el de Fátima justo vi en Adrianópolis, aunque ella había restos de una cara fina, más deteriorado por el dolor que por el tiempo. Pero el vestido era algo tan sorprendentemente rica, no puedo dejar de describir a usted. Llevaba un chaleco llamado dualma, y que difiere de una túnica de mangas largas, y doblar en la parte inferior. Era de paño púrpura, directamente a su forma y rechoncho, a cada lado, hasta los pies, y alrededor de las mangas, con perlas de la mejor agua, del mismo tamaño que sus botones son comúnmente. No creas que quiero decir tan grandes como los de mi Señor, pero al menos del tamaño de un guisante, y de estos botones grandes lazos de diamantes, en la forma de los aros de oro tan comunes en los abrigos de cumpleaños. Esta costumbre fue atado a la cintura con dos grandes borlas de las pequeñas perlas, y alrededor de los brazos bordado con diamantes grandes: su cambio fijado en la parte inferior con un gran diamante con forma de pastilla, su cintura tan amplia como la cinta más amplio Inglés, completamente cubierta de diamantes. Alrededor de su cuello que llevaba tres cadenas, que llegó hasta las rodillas: una de las perlas grandes, en la parte inferior de la que colgaba una fina de color esmeralda, tan grande como un huevo de pavo, y otro, compuesto de doscientas esmeraldas, se reunieron cerca de el verde más vivo, en perfecta combinación, cada uno tan grande como una pieza de media corona, y tan gruesos como tres piezas de la corona, y otro de esmeraldas pequeñas, perfectamente redonda. Sin embargo, sus pendientes eclipsado todo lo demás. Fueron dos los diamantes, de forma exactamente igual que las peras, del tamaño de una avellana grande. En torno a su talpoche tenía cuatro cuerdas de la perla, la más blanca y más perfecto del mundo, al menos lo suficiente como para hacer cuatro collares, cada uno tan grande como la duquesa de Marlborough, y del mismo tamaño, sujeta con dos rosas, que consiste en un gran rubí de la piedra media, y alrededor de ellas veinte gotas de diamantes limpios para cada uno. Además de esto, su tocado estaba cubierto con punzones de esmeraldas y diamantes. Llevaba brazaletes de diamantes grandes, y había cinco anillos en los dedos, todos los diamantes único, (excepto el Sr. Pitt), el más grande que he visto en mi vida. Es por los joyeros para calcular el valor de estas cosas, pero, según la estimación común de joyas de nuestra parte del mundo, el vestido todo debe valer más de cien mil libras esterlinas. De esto estoy muy seguro de que ninguna reina Europea tiene la mitad de la cantidad, y las joyas de la emperatriz ‘, aunque muy fina, se vería muy cerca de decir la suya. Ella me dio una cena de platos cincuenta de carne, que (a su manera) fueron colocados en la mesa, pero a la vez, y por lo tanto muy tedioso. Sin embargo, la magnificencia de la mesa respondió muy bien a la de su vestido. Los cuchillos eran de oro, los mangos con diamantes, pero la pieza de lujo que se apoderó de mis ojos, era el mantel y servilletas, que fueron tiffany, bordados de seda y oro, en la mejor manera, en las flores naturales. Fue con la pena máxima que he hecho uso de estas servilletas costoso, ya que muy trabajados como el mejor pañuelos que nunca salió de este país. Usted puede estar seguro de que eran totalmente echado a perder antes de la cena había terminado. El sorbete (que es el licor que bebe en las comidas) se sirve en cuencos de porcelana, pero las tapas y bandejas de oro macizo se. Después de la comida, el agua se presenta en una cuenca de oro, y las toallas de la misma naturaleza que las servilletas, que de muy mala gana me limpié las manos al respecto y el café se sirve en China, con sou oro coupés.
La sultana parecía de buen humor, y me habló con la máxima cortesía. No omitir esta oportunidad de aprender todo lo que podía del serrallo, que es tan completamente desconocido entre nosotros. Ella nunca mencionó a su marido, sin lágrimas en los ojos, sin embargo, parecía muy aficionado a los discursos. “Mi felicidad pasado”, dijo ella, “parece un sueño para mí. Sin embargo, no puedo olvidar que yo era amado por el descanso de la más grande y más hermoso de la humanidad. Fui escogido de todos los, para que todas sus campañas con él, yo no iba a sobrevivir a él, si no era un apasionado de mi hija. Sin embargo, toda mi ternura para ella era apenas suficiente para que me conserve la vida. Cuando lo perdí, pasé toda doce meses sin ver la luz. El tiempo ha suavizado mi la desesperación, sin embargo ahora pasar unos días a la semana en lágrimas, dedicado a la memoria de mi marido “.
No hubo afectación en estas palabras. Fue fácil ver que ella estaba en una profunda melancolía, a pesar de su buen humor hizo dispuestos a distraerme. Ella me pidió que camináramos por su jardín, y una de sus esclavas de inmediato le llevó una estola de brocado forrada de marta. La acompañé por el jardín, que no tenía nada notable, salvo las fuentes, y desde allí pasamos a sus apartamentos. En su habitación habían desplegado su tocador, que consistía en dos espejos en los que los bordes y el fondo estaban cubiertos de perlas. El talpock que lleva por la noche, cuyos alfileres son de pedrería, estaba dispuesto a propósito, pero con negligencia y como por azar, sobre el sofá junto a tres abrigos de marta de un valor de al menos mil táleros (doscientas libras esterlinas). Cuando me despedí de ella, fui rociada con perfumes, como en casa del Gran Visir, y me ofrecieron como presente varios pañuelos bordados ricamente. Sus esclavas eran unas treinta, de aproximadamente siete años, y otras diez algo más pequeñas. Fueron las chicas más bellas que he visto, todas ricamente vestidas, y observé que la sultana parecía experimentar gran placer al ver a su alrededor a aquellas niñas que suponían, con toda seguridad, un gasto enorme, pues cada una de ellas no podía valer menos de cien libras esterlinas. Llevaban guirnaldas de flores, y sus propios cabellos, trenzados, eran todo su tocado, y todos sus hábitos eran de telas de oro. Estos le sirvió el café, de rodillas, el agua trajo cuando lavaba, etc. Se trata de una gran parte de las empresas de los antiguos esclavos para cuidar de estas niñas, que les enseñara a bordar y servirlos con tanto cuidado como si fueran hijos de la de la familia. [...]
Ahora, os imaginaréis, no lo dudo, que este relato ha sido embellecido por mi imaginación. Diréis que éstas son Las mil y una noches, esa mantelería tejida en oro, esas pedrerías grandes como huevos de paloma. Os olvidáis, querida hermana, de que esos cuentos fueron escritos por un autor de ese país y que, además de la magia y los encantamientos, dan una idea bastante exacta de la vida y de las costumbres orientales. Por lo demás, nosotros, pobres viajeros, debemos en realidadser compadecidos. Si tenemos la desgracia de relatar una nueva particularidad, no falta quien se burle de nosotros recurriendo a la fábula, a la leyenda, sin considerar que las costumbres cambian con los medios y los años.[...]
Pero ¿qué diríais si os contara que estuve en un harén en el que el apartamento de invierno estaba revestido de nácar, de marfil de diferentes colores y de madera de olivo, como las pequeñas cajitas turcas que vemos en Inglaterra, y en el que el apartamento de verano tenía en sus muros incrustaciones de laca, los techos dorados y el entarimado recubierto de las más bellas alfombras de Persia? Sin embargo, nada de esto es cierto. Así es el palacio de mi encantadora amiga, la bella Fátima a la que conocí en Adrianópolis. Fui a visitarla ayer y me pareció si cabe aún más bella que antes. Me recibió a la puerta de su cámara y me dio la mano con la mayor gracia del mundo. “Vosotras, damas cristianas”, dijocon una sonrisa que la hacía hermosa como un ángel, “tenéis tal reputación de inconstantes que, a pesar de los sentimientos de amistad que vos me manifestarais en Adrianópolis, contaba con no volver a veros jamás. Pero ahora estoy convencida de que realmente tuve la buena fortuna de agradaros y si supierais de qué manera hablo de vos entre mis amigas, estaríais segura y no dudaríais de la reciprocidad de mis sentimientos hacia vos”. me acomodó en el rincón del sofá y pasé la tarde junto a ella, disfrutando de su conversación con el mayor placer del mundo.
La ultana Hafiten es tal y como una se imagina encontrar a una dama turca, deseosa de agradar, pero sin saber del todo cómo hacerlo. Es fácil ver en sus maneras que ella ha vivido alejada del mundo. Pero Fátima posee toda la gracia y la gentileza de las cortes, con un aire que mueve al mismo tiempo al cariño y al respeto, y ahora que comprendo su lengua, encuentro su espíritu tan seductor como su belleza. Ella siente mucha curiosidad por las costumbres de otros países, sin tener por el suyo esa necia parcialidad propia de las almas mezquinas. Una dama griega
Mary Wortley Montagu (1689-1762), Letters from Turkey (1763).
Una habitación propia de hospital, por Santiago Navajas
Enero 12, 2010He estado un par de semanas hospitalizado. Nada que no se pudiese solucionar con un par de operaciones quirúrgicas, dos placas y doce tornillos de titanio en la tibia. Que se te salga la rodilla y se te desintegre la meseta tibial (tranquilos, la moto apenas tiene unas rozaduras) duele que te cagas, por decirlo elegante y suavemente, pero enchufado vía catéter intradural a una bomba de perfusión hospitalaria, que te administra continuamente dosis milagrosas de calmante –el médico anestesista es el mejor amigo del paciente–, el dolor termina siendo un espectro terrorífico pero lejano.
Una vez pasado el trauma del accidente y la lotería de la operación, el “sufriente” paciente necesita un ambiente de reposo y calma. Es complicado volver a estar en armonía con el mundo. Hace unos meses, mi padre también estuvo encamado. Pero él, en un hospital público.
Los profesionales –médicos, enfermeras, auxiliares, celadores– eran tan buenos como los que me atendieron en la sanidad privada. Sin embargo, mi padre no disfrutó de una habitación propia. Tenía que compartirla con otros tres enfermos. Y ya saben lo que decía Sartre: el infierno son los otros. Bastante tiene el dolorido paciente con las agujas, los antibióticos, la comida del hospital –he aprovechado para perder un par de kilos–, las curas en las que ves horrorizado que te han convertido en un jovencito Frankenstein, la aprehensión ante la muerte –ese escaso 5% de probabilidad en el que las cosas pueden ir realmente mal pero que a los hipocondríacos nos parece tan definitivo como una sentencia a ser fusilados firmada por Franco–… para que encima tengas que compartir miserias corporales y visitas familiares con completos desconocidos.
Cuenta una leyenda urbana que Manuel Chaves se comprometió en una campaña electoral a que hubiese habitaciones individuales en los hospitales públicos. De acuerdo, no soy ingenuo y he estudiado la teoría literaria de Bajtin, así que sé que las promesas electorales son un híbrido del género de la ciencia ficción y el humor negro. También sé que los socialistas, todavía confundidos desde que en 1979 Felipe González les obligó a dejar se ser marxistas, lo mismo cantan la Internacional levantando el puño que desayunan con Emilio Botín en tirantes y, en consecuencia, predican lo público mientras nos empujan a lo privado. Pero me gustaría reivindicar modestamente el derecho de los pacientes de la sanidad estatal a disfrutar de una habitación propia. Porque, como reivindicó Virginia Wolff para las mujeres en el homónimo ensayo, no es un capricho, sino una necesidad.
VER: Diario CÓRDOBA
Baroja en El Tablón, por Joaquín Pérez Azaústre
Enero 1, 2010VOY a acabar el año hablando del Tablón. Porque, tal como están las cosas, es el único buen colofón que se me ocurre del año, la única verdad como taberna. Muy poca gente sabe que en la Judería hay una mesa en la que se sentó un día Pío Baroja, todavía joven mocetón, andariego y disperso, pero centrado ya en la novela como acción, a corregir su primer manuscrito de La feria de los discretos. Novela de lectura obligatoria, de la que todo el mundo habla pero que muy pocos cordobeses han leído, desvela la superchería, como Las inquietudes de Shanti Andía, de que Pío Baroja era un escritor sólo de narración, pero sin un estilo depurado. Me gusta imaginar a Baroja huyendo del mundanal ruido de Córdoba, del humo más espeso del casino, y refugiado en la mesa de mármol que hay a la entrada del Tablón, con su copa de fino bien olida, saboreada en una lentitud. Mucho de la Córdoba de entonces, mucho de Quitín, de ese palacio viejo abandonado, de esa decadencia de los patios comidos por su maleza de años, late todavía en esta Córdoba de hoy. Queda todavía El Tablón, quedan los estantes de madera como un retablo heroico sostenido en el tiempo, queda esa barra recia, quedan las baldosas que una vez pisó Don Pío escribiendo, quedan los aromas y su respiración.
Otras son ahora las voces y los rostros, pero también el gran Paco Rabal aprovechaba las noches cordobesas durante el rodaje de Juncal para armarse las fiestas junto a esta misma barra del Tablón, en su patio interior que era una juerga pura de flamenco, que era la versión salvaje de la noche como la de Quitín, la hermandad del encuentro sobre el vino como valor dorado refulgente, el calor interior cuando la lluvia golpea duramente la puerta del Tablón. Tiene mucho El Tablón de antigua rebotica, la misma que una vez visitó también Antonio Machado, que en su retiro de Baeza encontró únicamente en la tertulia del boticario y al médico, en las noches de invierno, esa calidez de la palabra para el sitio de encuentro. Una vez hubo en El Tablón un gran perol pagado indirectamente por Manolete: un viejo amigo le pidió trabajo, cuando él estaba arreglando su casa, “aunque sólo sea para poner el pararrayos”, y el torero le dio un buen fajo de billetes. El hombre llenó la despensa de su casa y con todo el dinero que sobró organizó un banquete en El Tablón, donde corrieron bien el vino y el mejor arroz con gambas, a la salud de Manuel Rodríguez Sánchez. Todo esto lo cuenta mucho mejor que yo Rafael, que es la memoria viva del barrio y del Tablón, con esa cualidad del tabernero que sabe que la vida cabe dentro.
Feliz Año Nuevo.
VER: El Día de Córdoba
Los libros del año 2009, según Babelia
Diciembre 28, 2009Los libros más destacados de 2009 según 50 críticos y periodistas de Babelia. Cercas, Muñoz Molina, Roth, Szymborska, Casanova, Conti, Gamoneda, Dickinson, Wolff y Michon son los nombres elegidos. El ensayo destrona a la novela y ganan protagonismo los autores extranjeros en una lista que suma más de 250 títulos. De entre los 20 obras preferidas, sólo cinco corresponden a este género: la lista la completan siete ensayos, tres libros de relatos, dos poemarios, dos de memorias y uno de cartas.
Los veinte mejores libros de 2009
1 Anatomía de un instante
Javier Cercas (Mondadori). Ensayo
2 La noche de los tiempos
Antonio Muñoz Molina (Seix Barral). Novela
3 Indignación
Philip Roth (Mondadori). Novela
4 Aquí
Wislawa Szymborska (Bartleby). Poesía
5 Historia de mi vida
Giacomo Casanova (Atalanta). Memorias
6 Sudeste.
Haroldo Conti (Bartleby). Novela
7 Un armario lleno de sombras
Antonio Gamoneda (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Memorias
8 Cartas
Emily Dickinson (Lumen). Correspondencia
9 Aquí empieza nuestra historia
Tobias Wolff (Alfaguara). Relatos
10 Mitologías de invierno. El emperador de Occidente.
Pierre Michon (Alfabia). Relatos
11 Poemas de amor
Anne Sexton (Linteo). Poesía
12 Los días contados
Miklós Banffy (Libros del Asteroide). Novela
13 Elevación, elegancia y entusiasmo
Francisco Casavella (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Ensayo
14 El ruido eterno
Alex Ross (Seix Barral). Ensayo
15 Mecanismos internos (Ensayos 2000-2005)
J. M. Coetzee (Mondadori). Ensayo
16 Nocilla Lab
Agustín Fernández Mallo (Alfaguara). Novela
17 Ejemplaridad pública
Javier Gomá (Taurus). Ensayo
18 El Día D
Antony Beevor (Crítica). Ensayo
19 El factor humano
John Carlin (Seix Barral). Ensayo
20 Tres vidas de santos
Eduardo Mendoza (Seix Barral). Relatos
VER: Babelia
El Principito, El extranjero, por Juan Cruz
Diciembre 27, 2009
Unos amigos de El Médano me pidieron ayer que les recomendara un libro que aconsejar a los escolares de este querido pueblo del sur de Tenerife. Me acordé de inmediato de lo que le sucedió a un adolescente nómada de Mali, Moussa Ag Assarig, a quien unos pilotos del París-Dakar le regalaron hace años, cuando él debía tener entre doce y trece años, El Principito, de Antoine de Saint-Exupery. Moussa convenció a su padre para que le llevara a una escuela de la capital, para aprender a leer. Aprendió, y leyó El Principito. Esa lectura cambió su vida; ahora él mismo escribe libros (el último, En el desierto no hay atascos, publicado en España por Sirpus) y destina sus derechos de autor a montar escuelas para los niños nómadas de su país y del resto de África. La propia familia del autor de El Principito le ayuda a financiar este proyecto, que Moussa presentó en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es un hombre de mirada luminosa, que refleja una ilusión que viene, dice él, de haber aprendido a leer; la lectura le ha abierto al mundo, le ha dotado de un entusiasmo con el que ahora viaja, contagiándolo. Y por la noche un compañero me preguntó por algún libro de Albert Camus, aparte de La peste, que ya había leído. Le recomendé El extranjero, un relato que transmite desolación y extrañeza, una novela de rara perfección que siempre me ha subyugado. Le recité uno de los párrafos que quedaron en mi memoria, y que siempre he asociado a las playas perfectas en las que el viento a veces reina como una premonición o como un manto: “Comprendí entonces que había roto la armonía del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz”. Me parece que esa es la traducción de José Ángel Valente. Un libro sobrecogedor, escrito con una sencillez extraordinaria que contribuye al clima aparentemente distante con el que el narrador va contando su desoladora historia. A mediodía comí con un científico que me preguntó por lecturas para estos días. Le aconsejé que leyera la autobiografía de Mario Vargas Llosa, El pez en el agua, y dos de Orhan Pamuk: La maleta de mi padre y El museo de la inocencia. Este último es un libro que a mi me parece importante, en el que hay que entrar con ganas de sumergirse, de dejarse perder en una historia de amor que te va envolviendo hasta que se convierte en algo propio. Como estamos en tiempos de consejos, aconsejo también La noche de los tiempos, de Muñoz Molina, y Caín, de Saramago, de los que ya he hablado aquí alguna vez. Y, para releer, poesía, las poesías completas de José Hierro. Y lo que aconseje un buen librero, por cierto. Creo que una manera de luchar contra las habladurías acerca del porvenir de los libros es ir a las librerías a ver qué nos dicen los libreros.
David Foster Wallace
Diciembre 7, 2009Hijo de James Wallace y Sally Foster Wallace, profesores universitarios de Filosofía y Literatura respectivamente, con seis meses su familia se trasladó a Champaign (Illinois). Estudió filosofía e inglés en el Amherst College. Graduado con summa cum laude (1985), hizo un master en Bellas Artes en la Universidad de Arizona (1987). Su primera novela la tituló The Broom of the System (“La escoba del sistema”) y apareció en 1987. Su novela de más éxito, Infinite Jest (“La broma infinita”), 1996, una novela de mil páginas ambientada en un futuro en el que las grandes corporaciones patrocinan y dan nombre a los años, la obra contiene diálogos divertidos e ingeniosos y consideraciones filosóficas diversas sobre el arte y la vida.
Se dedicó a la enseñanza universitaria (Pomoma College) y a la escritura y fue galardonado con numerosos premios, entre ellos el Whiting, el QPB Joe Savago New Voices y el O’Henry. El sábado 13 de septiembre de 2008 fue hallado muerto en su casa. Su esposa encontró el cadáver al volver a casa un día después de que se ahorcara, sobre las 21:30 horas. Se sabe que Wallace, muy querido por sus amigos, era de temperamento depresivo y poseía una fuerte compulsión al suicidio.
Entre sus temas, destacan la sociedad posmoderna, el malestar de la sociedad capitalista, los medios audiovisuales y la tecnología. En su generación se incluyen nombres como William T. Vollman, Richard Powers, A. M. Homes, Jonathan Franzen o Mark Layner (gusto por lo irracional, lo absurdo de los actos cotidianos, la deshumanización del mundo posmoderno, el humor que encubre una amargura profunda y esencial).
Obra
Novelas
- The Broom of the System (1987)
- Infinite Jest (1996). Trad. esp.: La broma infinita, Mondadori, 2002.

1996 – Infinite Jest

1987 – The Broom Of The System
Relato breve
- Girl with Curious Hair (1989). Trad. esp.: La niña del pelo raro, Mondadori, 2000.
- Brief Interviews with Hideous Men (1999). Trad. esp.: Entrevistas breves con hombres repulsivos, Mondadori, 2001.
- Oblivion: Stories (2004). Trad. esp.: Extinción, Mondadori, 2005.
- Encarnación de Niños Quemados (2000). Introducción y trad. español de Nicolás González Varela.
Ensayo
- A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again (1997). Trad. esp.: Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Mondadori, 2001.
- Signifying Rappers: Rap and Race In the Urban Present (1990), en coautoría con Mark Costello.
- Up Simba! (2000).
- Everything and More (2003).
- Consider the Lobster (2003). Trad. esp.: Hablemos de langostas, Mondadori, 2007
Algunas portadas…

2000 – Brief Interviews With Hideous Men

1997 – A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again

1990 – Signifying Rappers (w/ Mark Costello)

1989 – Girl With Curious Hair
VER: EL PAÍS
La lengua inútil, por Manuel Rivas
Noviembre 19, 2009Se equivoca usted, señor titular del juzgado número 6 de Alcorcón, al proclamar la carencia de “utilidad pública” del idioma gallego. En una caricatura de Castelao, un campesino dice: “Deus nos libre da Xustiza!”. Quizás estaba pensando en usted, señor juez. Fíjese que útiles y previsoras son las lenguas “subalternas”.
Fíjese si son previsoras que en los cuentos gallegos de Álvaro Cunqueiro hay personajes que como último deseo piden que en el ataúd, además de la Biblia, le metan el Código Civil por si tienen que pleitear en la otra vida. A la vista de como reculan los tiempos, me adelanto a pedir para el postrer viaje un ejemplar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, además de la Constitución española (subrayado el artículo 3º, apartado 2) por si el barquero Caronte se pone pesado, dispensando, y me niega la “utilidad pública del gallego” en el Más Allá, siguiendo la doctrina de su señoría.
Ya que estamos con la verdad narrativa de los cuentos y las últimas voluntades, permítame una breve historia. Un anciano campesino manda llamar al notario para hacer el testamento definitivo. Dice: “De la tierra, dejo un tercio para Ramón, un tercio para María, un tercio para Concha, un tercio para Manuel, otro tercio para Andrés…” El notario le interrumpe: “Pero, ¿no serán muchos tercios?” Y el campesino responde: “¡No sabe usted lo grande que es la tierra!” Pues con las lenguas ocurre algo parecido. Que hay sitio para todas. Que no pesan en la cabeza. Que no hay lengua inútil.
Inútiles, inútiles no le somos, señor juez. Hay muchas personas que nos comunicamos normalmente en gallego y no nos consideramos del todo inútiles. Como ocurre incluso en la judicatura, unos somos menos útiles que otros, hacemos lo que podemos, pero respetamos. Eso si, tenemos una educación mínima del respeto. Nuestros padres nos acunaron, nos criaron y nos contaron cuentos en gallego para espantar el miedo. Y no eran unos inútiles, créame. Gracias a ellos, no le tengo miedo, señor juez.
En su Tesis sobre el concepto de la Historia, dice Walter Benjamin: “No hay ningún documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie”. Yo antes no entendía muy bien esta frase, se lo juro, pero se me han aclarado de repente las ideas, como por un rayo, después de leer su fundamento “lingüístico” para negar el traslado escolar a Vigo de unas niñas en el auto tramitado en un caso de divorcio. En ese aspecto, el documento no resiste el principio de realidad. En Galicia, las niñas no sólo aprenderían gallego, sino que podrían enriquecer su castellano con las “maravillosas curvas” que Unamuno admiraba en Valle-Inclán.
No voy a hablarle ahora de Alfonso X el Sabio, ni de Rosalía de Castro, ni del tronco común galaico-portugués, patrimonio lingüístico que nos permite comunicarnos con millones de personas en el mundo, desde Brasil al Timor Oriental. Como además tenemos la suerte de compartir el castellano, vea usted, señor juez, que no vamos tan mal pertrechados, siempre, claro, que a los niños no les amputen la lengua “inútil”. Creo que lo que procede en este momento es ir al argumento protoecológico enunciado por Julio Camba. Según demostró en un irónico artículo, el gallego es un idioma muy apto para hablar no sólo entre las personas sino también con todo tipo de animales. ¡Fíjese usted si será útil!
VER: EL PAÍS
Congreso Internacional sobre Pablo García Baena
Noviembre 17, 2009
Programa
Miércoles 18 de noviembre
A las 19.00 h. Inauguración
A las 19.30h. Semblanzas de Pablo García Baena, por Fernando Ortiz [poeta y crítico], José Infante [poeta y crítico], Mª Victoria Atencia [poeta]
A las 20.30h. Recital poético.
Jueves 19 de noviembre
Formación [ciudades, lecturas, tradiciones]
9.30 a 10.30h. Hacia Antiguo muchacho: la formación de Pablo García Baena, por Francisco Ruiz Noguera [Universidad de Málaga]
11 a 12h. El mundo clásico de Pablo García Baena, por Juan Antonio González Iglesias [Universidad de Salamanca]
16.30 a 17.30h. El esteticismo de Pablo García Baena, por Mª Teresa García Galán [Universidad de Málaga]
17.45 a 18.45h. García Baena: Claves de una poética intensa, por Antonio Colinas [poeta, traductor, ensayista]
19 a 20.15h. El legado de Pablo García Baena, por Carlos Clementson [universidad de córdoba], Juana Castro [poeta], Eduardo García [poeta y ensayista]
Viernes 20 de noviembre
La madurez creativa
9.30 a 10.30h. El arte del metro en Pablo García Baena, por Eric Beaumatin [Universidad Paris III, Sorbonne Nouvelle]
11 a 12h. Nadar sabe mi llama la agua fría: la poesía de Pablo García Baena, por Guillermo Carnero [Universidad de Alicante]
12.15 a 13.15h. Visión de infancia y juventud en Pablo García Baena, de Luis Antonio de Villena [poeta, novelista, crítico]
16.30 a 17.30h. Las lecciones de Pablo García Baena, de Luis García Montero [Universidad de Granada]
17.45 a 18.45h. Síntesis de las aportaciones del Congreso
19 a 20h. Conferencia de clausura: Recordatorio poético de un amigo, por José Manuel Caballero Bonald
A las 20.15h. Palabras de Pablo García Baena. Clausura
Lugar:
Salón de actos del IES Luis de Góngora.
mrcls.18.noviembre.2009 | 19.00 – 20.30
jvs.19.noviembre.2009 | 09.30 – 20.30
vrns.20.noviembre.2009 | 09.30 – 20.30

Escrito por Emilio Luque 


