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Poesía del siglo XX

febrero 7, 2008

MODERNISMO/98, DOS CARAS DE UNA GRAN MONEDA HISPÁNICA 

1898 es el comienzo del siglo XX. En poesía, 1898 significa un acontecimiento que aglutina a una generación de poetas y novelistas que irrumpe en el panorama literario con una fuerza desusada. Unamuno, Valle-Inclán, Machado, Baroja, Azorín, Maeztu a este lado del océano; Darío, Silva, Martí, al otro lado.

RUBÉN DARÍO 

Nacido el 18 de enero de 1867 en Metapa, hoy Ciudad Darío(Nicaragua), es considerado el fundador del Modernismo. Ha sido el poeta que más ha influido en la lengua española desde finales del siglo XIX y uno de los más brillantes y originales de la poesía latinoamericana. Con el Modernismo, supo revolucionar la literatura hispánica. Éste fue un movimiento literario que se inspiró en el simbolismo francés y que renovó el español como lenguaje literario. Las características más importantes de este movimiento son el preciosismo, el exotismo, la alusión a lo noble, los mundos desaparecidos (la américa precolombina, la edad media caballeresca, las monarquías chinas y japonesas, etc.), la mención de objetos preciosos. El modernismo acabó enfrentando la América latina con lo anglosajona. 

Un revolucionario de las letras hispánicas

Félix Rubén García Sarmiento (así se llamaba), con un mes de vida, se trasladóa a León. Sus padres se separaron cuando él todavía era muy pequeño y de su educación se hizo cargo una de sus tías, que lo instruyó muy pronto en la lectura (supo leer a los tres años). Desde muy pronto se sintió atraído por la literatura y publicó en 1880 sus primeros versos: poemas como “La Fe”, “Una Lágrima” y “El Desengaño” pertenecen a esta etapa. En 1886 viajó a Santiago de Chile, donde estudió con fervor las nuevas corrientes poéticas europeas. En 1887 publicó tres libros de poemas: “Abrojos”, “Canto épico a las glorias de Chile” y “Rimas”. Al año siguiente apareció “Azul” (1888), la obra que llamó la atención de la crítica y que, sobre todo, sentó las bases del modernismo. En 1891, al regresar a Managua, se casó con Rafaela Contreras, con quien tuvo su primer hijo (nacido quince meses después). En 1892 viajó a España con motivo de los actos de celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América. En 1893, su esposa murió. De forma paralela a su carrera como escritor, Rubén Darío desempeñó cargos diplomáticos en varios países, entre ellos la Argentina y Francia. Residió en Buenos Aires, donde trabajó para el prestigioso diario La Nación, lo que le dio reputación internacional. En 1898 regresó a España como corresponsal del mismo diario. Allí escribió sus primeras crónicas. Estando en Europa, alternó su residencia entre París y Madrid. En esta última ciudad conoció, en 1900, a Francisca Sánchez, con la que tuvo un hijo (Rubén Darío Sánchez, nacido en París) y con quien vivió hasta la propia muerte. En 1907, siendo ya un gran poeta de éxito tanto en Europa como en América, fue nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid, razón por la que viajó mucho y de ahí que se lo consideró el “embajador del modernismo” en el mundo. Pero en 1910 la revolución de Estrada lo destituyó de su cargo

NOVENTAYOCHISMO

La poesía de la Generación del 98 está representada por los hermanos Machado, por Unamuno, por los modernistas (Salvador Rueda, Ricardo Gil… ) de tono provinciano y poco más. El prólogo de Juan Valera a Azul de Rubén Darío (1888) da pistas de una nueva forma de leer el poema. En 1900, Manuel Machado publica Alma, un libro que intuye la nueva sensibilidad modernista en España.

Miguel de Unamuno

Aunque atraído por las formas tradicionales, en sus primeras composiciones procura eliminar la rima. Entre sus obras poéticas destacan: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920), Andanzas y visiones españolas (1922), Rimas de dentro (1923), Teresa. Rimas de un poeta desconocido (1924), De Fuerteventura a París (1925), Romancero del destierro (1928) y Cancionero (1953). Desde su primer libro, Poesías, se perfilan los temas que van a dominar en su obra: el conflicto religioso, la patria y la vida doméstica. Tosco y prosaico, sus estrofas son breves, duras y muy personales. Jamás volvería sobre sus propios versos, como el poeta insatisfecho (Juan Ramón Jiménez).

Antonio Machado


 

GENERACIÓN DE 1914

Ortega y Gasset es el resumen más fácil de una generación imposible. La generación de 1914 se confunde en el fondo y en la forma con la Generación de 1927. Sólo un poeta se alza contra el olvido: JRJ.

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881-San Juan, Puerto Rico, 1958) es uno de los poetas fundamentales de la lengua española. Su sombra planeó sobre los autores de la Generación del 27, que vieron en el escritor onubense un maestro al que seguir o cuestionar. El poeta de Moguer marchó pronto a Madrid llamado por sus amigos, los poetas modernistas. En 1900 publicará sus primeros escarceos literarios con el dinero que le envía su familia. Ninfeas y Almas de violeta son sus primeros títulos, editados con tinta verde, el primero, y violeta, el segundo. En 1913 apareció Platero y yo, libro que había comenzado hacia 1905 en su retiro de Moguer.

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Nueva York fue un enclave esencial en la trayectoria literaria del autor de Platero y yo. Juan Ramón se casó en esta ciudad con Zenobia Camprubí en la iglesia de St. Stephen, en 1916. Y las calles de Nueva York fueron también escenario de un decisivo cambio de rumbo en su poesía, cuyo fruto más espléndido fue el libro Diario de un poeta reciencasado (1916). Diario de un poeta reciencasado marca un jalón fundamental en la trayectoria juanramoniana. El escritor abandonó con esta obra su habitual entramado anecdótico para sumergirse en una poesía más depurada y abocada a la esencialidad. El poemario surgió del viaje de Juan Ramón a América.

Otro de los actos dedicados al Premio Nobel fue la presentación, el pasado jueves, de una edición de su obra en 48 volúmenes, publicada por la Diputación de Huelva y la editorial Visor con la colaboración de la Junta, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) y la Fundación Jorge Guillén. El acto se celebró en el Instituto Cervantes de Nueva York en el marco del Congreso Internacional Juan Ramón Jiménez: NYC, ciudad y poesía. El congreso, que ha sido organizado por la Diputación de Huelva junto con la SECC, comenzó el pasado miércoles. El congreso, que concluye hoy, reúne a especialistas como Gonzalo Sobejano, Christopher Maurer y John Wilcox, entre otros.

Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez, el día de su boda en Nueva York (1915)

 

JRJ hacia 1934.

LA GENERACIÓN DE 1927

La Generación de Federico García Lorca no nace de la nada. Una decena de poetas de una calidad altísima sólo se ha dado una vez en la historia de España. Y Federico era su alma

El delicado y finísimo Federico, amigo de pintores, músicos y dramaturgos. El poeta que estaba llamado a representar la más alta cima de la poesía española

 

Federico Garc�a Lorca con La Barraca

Federico García Lorca (segundo por la derecha), presentando a Pedro Salinas (centro) ante Eduardo Ugarte y otros componentes de La Barraca, grupo teatral que formó el poeta y dramaturgo granadino en el verano de 1932.

Lorca, Dal� y Buñuel

Lorca y Alberti en el Ateneo de Sevilla en 1927

RAFAEL ALBERTI Y PEDRO SALINAS

 Rafael Alberti nació en el Puerto de Santa María (Cádiz) un 5 de febrero de 1902.

A  GALOPAR, A GALOPAR, HASTA ENTERRARLOS EN EL MAR…
http://www.youtube.com/v/15JfnrqBqSI&hl=es&fs=1″></param><param

LA VOZ A TI DEBIDA

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

Pedro Salinas – La voz a ti debida

LA VOZ A TI DEBIDA

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
«¡si me llamaras, sí, si me llamaras!»
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: «No te vayas».

LA VOZ A TI DEBIDA
Versos 102 a 126

 

GENERACIÓN DE 1950

Generación de 1950Celaya, Otero, Carandell, Barral y Goytisolo (c. 1956) 

José Agustín Goytisolo

Al libro Claridad, que Goytisolo publicó en 1961, pertenecen poemas que recobran la infancia del poeta y su temprano descubrimiento del “amor / de lo perecedero”: la madre tan amada de cuya muerte no se consolaría nunca, el padre que lo hacía sentir como un intruso, la escuela en la que los maestros “predicaban miedo” convirtiéndolo así en “un niño / solo; mentido / y solo; amordazado / y frío buceando / en el pozo”. (Décadas más tarde, en uno de sus mejores libros, Como los trenes de la noche, de 1994, repetirá la confesión: “Viste que nada era durable / desde muy niño… Pero tú / aprendiste de la flor única / el amor de lo que perece / y la herida de lo que ha muerto”). Los versos de Goytisolo definían un estado de ánimo, esa entrada al mundo adulto que simultáneamente anhelábamos y temíamos. Nuestro también era su imposible deseo:

¡Ah, si todo pudiera

comenzar otra vez

de un solo golpe; de una sola

pura y simple palabra!

Pero fue con la aparición de Algo sucede en una descolorida edición de Ciencia Nueva que el poeta intimista que nos gustaba púdicamente se nos reveló (o más bien, imaginamos que se nos revelaba) camarada de aquellos otros que recitábamos en torno a las fogatas de campamento: Miguel Hernández, Rafael Alberti, Blas de Otero. Goytisolo no se convirtió nunca, para nosotros, en un clásico como Luis Cernuda o Jaime Gil de Biedma, pero fue, a lo largo de nuestras vidas lectoras, una voz amiga, un poeta que nos daba palabras para nombrar ocasionales desazones y epifanías. “Devolvamos / las palabras reunidas / a sus dueños auténticos”, era una versión militante del “renovar las palabras de la tribu” que sin duda hubiese sorprendido a Mallarmé. Aun los versos más leves nos llamaban la atención, ya que leíamos en ellos un anunciado llamado a las armas:

Por mi mala cabeza

Como en sus libros futuros, ya en éste Goytisolo demostraba un cierto gusto por la palabra pedestre y al mismo tiempo, milagrosamente inspirada. Decir: “Se amaban en silencio / como cumpliendo un gran ritual. / Sus vidas eran diferentes. Pero / algo muy fuerte los unía: algo / que quedaba cumplido en sus abrazos” es de una simplicidad casi inútil. Y sin embargo, la noción del amor ritualizado, del abrazo como ceremonia, es una revelación que un cierto pudor poético parece impedir cuajar en palabras más enérgicas. Esta disputa entre expresión e iluminación (constatamos luego) es frecuente en toda la obra de Goytisolo.

yo me puse a escribir.

Otro por mucho menos

se hace Guarda Civil.

Es quizás en el célebre Palabras para Julia de 1980 que Goytisolo alcanzó la mayor maestría de su voz. El poema que da su título a este volumen elegiaco trata, como se sabe, de la trágica muerte de su madre. “Tu destino está en los demás”, le dice, ofreciéndole la consolación que siempre damos a quien amamos y perdemos. A la elegía por su madre siguen poemas que tildábamos hace dos décadas de “comprometidos” y que sin embargo nos conmovían. “La libertad hay que inventarla siempre”, leíamos del otro lado del Atlántico, sabiendo perfectamente cuáles son las consecuencias de no seguir esta advertencia. Y un poema escrito casi veinte años más tarde, en 1996, Las horas quemadas (que es también su último libro), insiste con implacable lucidez: “Lamentar el pasado nada cambia: / ni el olvido ni el daño ni el rencor”.

En 1978, un año después de publicar Taller de arquitectura, Goytisolo cumplió cincuenta años y de hacedor de versos familiares y políticos pasó a ser poeta de la naturaleza, del mundo que llamó, con adjetivo exacto, “permanente”. Montes y carreteras, palomas y codornices, lechuzas y gavilanes, la hierba y el agua, el otoño, poblarán su geografía poética. Y siempre, por encima de todo, siguió escribiendo poesía amorosa de una extraordinaria y original delicadeza. El lector del Goytisolo maduro sospecha que el poeta propone y puebla el paisaje para luego perseguir en él su propia persecución amorosa. “En lugares perdidos / contra toda esperanza / te buscaba… / Y cuando el desaliento / me pedía volver / te encontré”. Más tarde, el terreno de caza será también su ciudad, Barcelona, a la que dedicará en 1993 una Novíssima oda a Barcelona.

La edición de la poesía completa de Goytisolo que ahora, con la gratitud de sus lectores, propone la editorial Lumen, es ejemplar. Carme Riera y Ramón García Mateos han cumplido no sólo una labor crítica impecable, corrigiendo errores ortográficos y erratas de impresión de los que pecaban las ediciones anteriores, y cotejando minuciosamente las diversas versiones de los poemas (Goytisolo fue hasta el fin un revisador irredimible), sino que también han sabido presentar al poeta de forma cabal, iluminadora y convincente. No hay en su prólogo ni el más tímido dejo de teoría académica: la lectura que hacen ambos eruditos es la de historiadores que no condescienden al chismorreo, y de inteligentes amantes de poesía cuya intuición crítica les permite aclarar pasajes difíciles y sugerir interpretaciones de útil originalidad. También han decidido sabiamente cerrar este inmenso volumen de casi mil páginas con dos textos escritos por Goytisolo para el cantante Paco Ibáñez. El primer verso de La voz y la palabra resume, a pesar de la desilusión y la tristeza que destilan casi todos los poemas precedentes, lo que sospechamos fue la íntima, última, verdadera convicción del poeta: “Tienes tu parte en la felicidad”. Sin duda alguna, los lectores de José Agustín Goytisolo así lo creen. –

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