Skip to content

Teatro del siglo XV

febrero 14, 2008

LA CELESTINA- FERNANDO DE ROIAS

1.- EDICIONES.
La obra que nos ocupa aparece por primera vez en 1499 en Burgos, compuesta de dieciséis actos sin título ni colofón, ni nombre del autor. Las ediciones de Toledo (1500) y Sevilla (1501) aparecen ya con título “Comedia de Calisto y Melibea” y se declara el nombre del autor. El bachiller Fernando de Roias. En 1502 aparecen sendas ediciones de la obra en Sevilla, Toledo y Salamanca, pero los cambios son sensibles. De una parte, el título es ahora el de Tragicomedia de Calisto y Melibea, y añade el título excepcional de Libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina indicio de la relevancia de este personaje en el drama, proceso que pronto llevará a que la obra sea conocida con el mero título de La Celestina. Los actos han pasado de dieciséis a veintiuno: cinco añadidos tras el final del primitivo XIV (en el que se narraba la muerte de Calisto, que pasa así a constituir el final del acto XIX). Estos cinco nuevos capítulos están precedidos de un argumento y son conocidos como “Tratado de Centurio” y responden al deseo del autor de satisfacer el afán del público de prolongar las escenas del disfrute amoroso.

2.- AUTOR
También existen problemas en la autoría de la obra. Hoy, tras minuciosas investigaciones, se ha llegado a las siguientes conclusiones:

Algunos críticos afirman la exclusiva autoría de Rojas por la gran unidad de la obra y explicaban su renuncia a la autoría del primer acto en un intento de evitar las represalias inquisitoriales, hoy parece aceptado que la confesión de Rojas, así como la diferencia de fuentes entre el primer acto y los restantes quince de la comedia avalan la teoría de los dos autores de los que el segundo continúa el estilo y la elegancia del primero. Los últimos cinco actos del Tratado de Centurio se supone que son obra, del propio autor Rojas en solitario o ayudado de colaboradores.
Hasta 1902 no sabíamos nada del autor de La Celestina. Parece ser que nació en la Puebla de Montalbán (Toledo) en 1475 o 1476. Estudió leyes y humanidades en Salamanca.
Tenemos constancia, de su ascendencia judía (en el proceso de 1525 de la Inquisición contra Álvaro de Montalbán, éste pide que le defienda “el bachiller Fernando de Roxas, su yerno, vecino de Talavera, que es converso”). Rojas, quiso encubrir su autoría, posiblemente por vergüenza al inmiscuirse en la literatura en lengua vulgar, él que ejercía de hombre de leyes o tal vez temeroso de las consecuencias inquisitoriales que para un converso podría suponer la autoría de una obra abundante en elementos eróticos.
3.- ARGUMENTO.
Calisto conoce a Melibea cuando busca su halcón que se ha escondido en el huerto de la casa de ésta. Tras manifestarle su súbita e intensa pasión y ser rechazado por ella, expresa sus quejas a un criado suyo, Sempronio, quien le propone recurrir a Celestina, vieja alcahueta. Sólo Pármeno, otro criado , aconseja prudencia a su señor y se opone firmemente a la intervención de Celestina. Pero Calisto no le hace caso y Celestina consigue ganarse a Pármeno, prometiéndole los favores de Areúsa, la prima de Elicia que es la amante de Sempronio.
Por medio del arte de la brujería y de su habilidad, Celestina entra en contacto con Melibea, consigue finalmente dominar la voluntad de ésta y concertar un primer encuentro. Calisto ofrece a Celestina una gruesa cadena de oro como pago de sus servicios. Esa noche se produce el primer encuentro entre los enamorados, en el que Melibea indica a Calisto que regrese la noche siguiente por el huerto. Ya de regreso, Pármeno y Sempronio, que han acompañado a su señor, se dirigen a casa de Celestina para reclamar su parte del botín. Ella, avariciosa, niega cualquier trato previo. Discuten y, enfurecidos, los criados la matan y después, al intentar huir de la justicia, quedan mal heridos. Al día siguiente mueren ajusticiados. Calisto se sorprende en un primer momento con la noticia, pero pronto su pasión se impone, sustituye a los criados muertos por Tristán y Sosia, y se dirige al huerto de Melibea, donde se consuma la unión entre los amantes.

Elicia comunica a Areúsa la noticia y ambas conciertan que Centurio, un pendenciero truhán, vengue las muertes de sus amantes. Para conseguirlo, Areúsa sonsaca a Sosia el lugar y la hora de los encuentros entre Calisto y Melibea, y una vez averiguado, fuerza a Centurio a prometer que matará al caballero. Pero éste, temeroso, encarga el asunto a Treas y sus compinches.
Mientras los amantes están juntos, llegan Traso y otros a cumplir su promesa. Al oír Calisto el gran ruido y querer salir a averiguar el motivo, cae del muro y muere. Melibea se encierra en la torre desde donde cuenta a su padre Pleberio lo sucedido y después se arroja desde la torre, muriendo en el acto. Termina la obra con las lamentaciones de los padres de Melibea y de Pleberio, en el que éste se duele de la crueldad del sino del ser humano.
4.- GENERO.ORIGINALIDAD Y ESTILO
Si nos atenemos a su forma dialogada, a la división en actos y al título ” Comedia o Tragicomedia” sería lógico afirmar el carácter dramático de La Celestina. Por otra parte, su gran longitud ha dificultado su representación. Además, el tratamiento del tiempo y del espacio, así como el cuidadoso análisis de la psicología de los personajes parecen acercaría a técnicas novelescas.
Por todos estos aspectos, los críticos consideran La Celestina como una obra agenérica que combina recursos teatrales y narrativos con gran libertad y total singularidad.
En cuanto a la ORIGINALIDAD artística de esta obra, se sitúa en una tradición en el Renacimiento, constituida por tres tipos de comedia:
Comedia romana o latina. De la llamada “comedia nueva” de Plauto y Terencio toma Fernando de Rojas algunos recursos técnicos y la dramatización, es decir, la forma del diálogo.
Comedia elegíaca, cuyo modelo básico sería las descripciones realistas y los motivos del amor cortés; la lucha interior entre el amor y el deber en el personaje de Melibea.
Comedia humanística. Le proporciona a Rojas la concepción del espacio y del tiempo, el carácter independiente del criado y parte del de la heroína.
El autor conocía esta tradición renacentista y la adapta a su intención de representar de manera directa una realidad cotidiana para un público predominantemente burgués. El resultado podría considerarse el argumento de una comedia humanística con el desenlace trágico típico de la novela sentimental de gran éxito en la época.

La Celestina destaca muy especialmente por el uso del diálogo. Es un uso exclusivo a lo largo de veintiún actos, relacionado con el género didáctico a lo largo de toda la Edad Media y usado para expresar la interioridad del ser humano. El diálogo aporta, además de un tono a menudo sentencioso, una descripción de la realidad compuesta a partir de la interrelación, que no suma, de perspectivas diferentes.
En una época en que la lengua literaria se distanciaba de la popular, uno de los mayores aciertos de La Celestina en cuanto a su estilo, radica precisamente en presentar una síntesis de ambas. En la Celestina se nos muestra pues un verdadero diálogo, cómico o dramático, pero siempre ágil y vivaz, verosímil.
Se observa en todo momento un anhelo de claridad en el habla. Los refranes se amoldan perfectamente al habla de todos los personajes, del mismo modo que todos en un momento u otro emplean referencias eruditas.
Abundan los cultismos, los paralelismos, las antítesis, los juegos de palabras, los epítetos.
El autor se adhiere a la utilización del habla de los humildes, como ya hizo el arcipreste de Hita y que prolongarán los grandes autores del Siglo de Oro, como fue el ejemplo de Cervantes en el Quijote.
5.-TEMAS.
* EL AMOR.
Este tema está en la base de toda la obra, no sólo porque pone en contacto a los distintos personajes, sino también porque es causa directa o indirecta del trágico final de muchos de ellos.
El amor cortés es el que une a Calisto y Melibea, al menos en un primer momento. Ninguno de los dos se plantea el matrimonio como objetivo, por lo que quebrantan las normas de la moral cristiana. Este amor se convierte pronto en amor sensual, abundan detalles que revelan el gran egoísmo del protagonista que sólo aspira al goce físico.
* LA MUERTE.
La antítesis amor-muerte, clásica en la literatura de todos los tiempos, aparece también en esta obra. De una parte, Calisto abunda en el tópico de desear la muerte por cuanto es menos dolorosa que la amada que no atiende a peticiones. Celestina afirma no temerla por cuanto, vieja como es, sólo ha de proporcionar fin a sus fatigas.
Pero, sobre todo, la muerte aparece en La Celestina como vengadora de los excesos cometidos sean estos amorosos o de avaricia. La muerte golpea en La Celestina con violencia, rápidamente, sin aviso, sorprendiendo a los protagonistas y recordando al lector lo hostil del mundo en que ellos viven.
* LA MAGIA.
Algunos críticos han señalado que los hombres del S.XV creían en la realidad de la magia y que parte de la acción de La Celestina es difícil de explicar sin aceptar este supuesto. Así pues, Celestina es una bruja y utiliza con Melibea la práctica de producir por medios mágicos una violenta pasión amorosa. Para conseguirlo Celestina necesita, como se describe en los manuales de la época y en el acto III, aceite serpentino y un papel escrito con sangre de murciélago, y sangre y barbas de cabrón.
La magia aparece pues en La Celestina como algo cotidiano y así debía ser considerado en la época, pero, por otra parte, la fatalidad acabará con todos aquéllos que, de una manera u otra, han estado relacionados con ella.
* EL DINERO.
El deseo de provecho material, sea este del tipo que sea, es otra constante en la obra y el motor de las acciones de los personajes. En La Celestina el ser humano desaparece ante el dinero; éste condiciona el comportamiento y se convierte en el sistema de valoración de cualquier cosa; su falta es sentida como una injusticia y su posesión como un medio de conseguir libertad e independencia. Será el detonante último de la tragedia, ya que ni Celestina, tan inteligente en otros aspectos, puede calibrar las consecuencias de su avaricia ni escapar a ella.
* LA OBSCENIDAD.
El gusto por lo obsceno está presente en algunas manifestaciones de la literatura medieval y reaparece con fuerza con el auge del gusto burgués.

En La Celestina se utiliza este recurso para profundizar en la descripción de los caracteres: resulta especialmente revelador si, como ya hemos visto, aparece en el curso de las escenas amorosa; o cuando Celestina suple con comentarios de este tipo la lujuria que no puede satisfacer y los criados enmascaran del mismo modo la envidia que sienten hacia sus señores.
Juntos a estos temas también aparecen en esta obra otros como la insolidaridad humana, la afirmación del propio individuo, la juventud y la vejez, las creencias religiosas, el pesimismo, las relaciones entre amos y criados. Todos ellos contribuyen, como es evidente, al gran interés de La Celestina.

7. PERSONAJES
Celestina.
El personaje de Celestina se ha convertido en uno de los más famosos de la literatura española, hasta el punto que su nombre ha venido empleándose como un nombre común alusivo a funciones iguales o semejantes a las que practica dicho personaje en la obra de Fernando de Rojas. El peligro de esta fama posterior de Celestina es su posible reducción a un personaje símbolo, a un simple tópico literario, cuando en realidad se trata de un personaje denso, rico, perfectamente vivo y, por supuesto, real.
En un principio notamos que sus motivaciones son relativamente claras y escasas: codicia, avaricia, astucia, egoísmo y cinismo. Es decir que, en apariencia, se trata de un repertorio de rasgos fundamentalmente negativos y coherentes entre ellos, muy propios para despertar en el lector o espectador de la obra una sana repulsión que realce, de rechazo, las cualidades de los personajes encargados de simbolizar el mundo moral y positivo. Sin embargo, ni el pesimismo de la obra, ni su finalidad permiten establecer tales diferencias morales, ni tampoco la función de Celestina es tan mecánicamente negativa.
El personaje se nos presenta como un ser complejo. Por una parte, es un ser marginado por la sociedad honrada, condenado al delito y al disimulo, cuando no a la brujería; por otra, vemos cómo cumple y ha cumplido una función social importantísima, actuando de medianera para cuantos vicios la sociedad respetable realizaba acogiéndose a sus artes. Por muy negativos que se nos presenten estos rasgos, a lo largo de la vida de Celestina aparecen como simple necesidad de supervivencia. La astucia y el cinismo cumplen la función de defender su vida. A ella no le amparan ni el nacimiento, ni el oficio, ni la función social; su vida es un constante sobresalto. Su astucia es su única tabla de salvación y el cinismo es la consecuencia del trato constante con una humanidad falsa y engañosa.
La visión de Rojas es psicológica. De hecho, si Celestina es el personaje central de la obra, esto no se debe solamente a su función, sino también al cúmulo de experiencias y conocimientos por ella atesorados y que se revelan en la habilidad y la densidad psicológicas de muchos de sus parlamentos. Celestina es el personaje que más habla, porque es el personaje que simboliza el conocimiento y la distancia crítica; sus conocimientos nacen de una larga experiencia, que le da el dominio total de las personas y de las situaciones.
La crítica, en los estudios de las correcciones, comprueba que más de la mitad de ellas están en los parlamentos de Celestina, lo cual demuestra que en 1502 los dos enamorados habían dejado de ser el núcleo vital de la obra y habían sido reemplazados por Celestina.
Tal vez lo más importante de la figura de Celestina es lo que Mª Rosa Lida llama “arte de seducción”. Este arte lo ejerce en varias ocasiones; Celestina se comporta astutamente, avanza y retrocede cuantas veces son necesarias hasta descubrir la debilidad de su interlocutor y atacarlo por esa parte. Con Pármeno fracasa aludiendo a su madre, pero acierta al nombrar a Areusa y por ahí sigue su ataque; con Melibea cuando lo ve todo perdido da una hábil vuelta tras dejar en ella la inquietud y logrando lo que buscaba.
Por supuesto el personaje de Celestina no podía quedarse en un perfil tan sumamente inquietante. Es adornado también por un sinnúmero de rasgos cómicos destinados a acentuar la truculencia del personaje y a conferirle mayor espectacularidad teatral. De ahí la riqueza lingüística que lo caracteriza, su procacidad, sus alusiones obscenas, que contribuyen a configurar la imagen concreta de un personaje contradictorio que ha de divertir al espectador al tiempo que encauzar el desarrollo de la obra hacia la tragedia.
Los antecedentes de esta figura se encuentran en las más antiguas producciones dramáticas. Las obras que más influyen en el personaje de Celestina son El Pamphilus de amor o Comedia de Vetula y en la literatura española El Libro de Buen Amor y El Corbacho del Arcipreste de Talavera
Calisto.
Celestina monopoliza el interés dramático y Calisto y Melibea quedan desdibujados ante la fuerza de la vieja. La explicación hay que encontrarla en el hecho de que los amantes están reducidos a meros símbolos de su función, ellos son los instrumentos del amor, de la sensualidad y la pasión. Pero ambos no han sido tratados con el mismo interés.
Calisto aparece con mayor frecuencia que Melibea, posee un carácter mejor dibujado y está dotado de una mayor individualización. Esta diferencia puede tener una primera explicación en el aspecto histórico y sociológico: no era posible dar a una doncella encerrada en su casa, apartada de toda la vida, considerada como simple receptáculo y custodia de su honestidad, un carácter socialmente individualizado. Calisto, en cambio, es perfectamente dibujado: hermoso, pulcramente vestido, algo calavera, dilapidador de su hacienda. Constantemente nos da muestras de su floja voluntad y de estar dominado por su pasión. Calisto pasa del papel de enamorado débil al de enamorado cínico, desprovisto de cualquier dignidad, y este proceso acabará con su muerte, con lo cual el mensaje del autor parece inequívoco.
MªRosa Lida añade otras notas muy acertadas al carácter de Calixto: egoísmo que condiciona su concepción de la realidad, su juicio ético y su conducta social. En cuanto se enamora, Calixto pierde conciencia del tiempo y de la realidad cotidiana, olvida la moral y se desentiende de familia y sociedad; el egoísmo de su amor le hace desentenderse de todo lo demás. Otras características de Calixto son su pesimismo, la falta de confianza en sí mismo que le hace abandonarse a Celestina y justificarse ante los criados, la exaltación repentina.
En suma, el carácter de Calixto oscila entre las más altas cotas ideales y las numerosas flaquezas humanas, lo cual dice mucho de la verosimilitud del personaje.
Calixto y Melibea han sido comparados repetidamente con otras parejas famosas de la literatura. Tanto Menéndez Pelayo como Ramiro de Maeztu comparen a los amantes de Rojas con Romeo y Julieta. Ambos concluyen en reconocer la mayor verosimilitud de los personajes castellanos y de su amor.
Melibea. Se nos muestra menos matizada. Se nos presenta como una doncella de honroso nacimiento, lo que es suficiente para definirla, y la lógica interna del argumento no necesita personalizarla más. Desde el principio no tiene más rasgos particulares que los que definen su pudor y su respetabilidad. El honor y la virginidad son sus únicos bienes.
Pero Melibea, aparentemente, está dispuesta a ceder desde el comienzo y sus reacciones ante las proposiciones primeras de Celestina son más que personales, emotivas frente al peligro social. Las escasas apariciones de la joven en la obra, hacen que su carácter evolucione rápidamente, conservando, eso sí, el rasgo propio de la tradicional psicología femenina, consistente en simular hasta el último momento la ignorancia o la renuencia. Este comportamiento está vinculado a la necesidad para la mujer de salvaguardar por todos los medios el valor social de su honestidad, utilizando como disfraz el argumento de su pasividad tradicional que la lleva a representarse siempre como seducida y no como seductora. Los dos amantes, finalmente, a pesar de sus dudas y de sus débiles arrepentimientos acaban por entregarse definitivamente a la fuerza de sus sentimientos, y entonces es cuando la muerte se ceba sobre ellos, quedando perfectamente explicativo el mensaje de la obra con su carga de fatalidad y desengaño.
MªRosa Lida se detiene especialmente en los contrastes entre Melibea y Calixto. Maeztu afirma que ambos se quieren “por contraste”. Frente a la pasividad y el pesimismo de Calixto, Melibea se caracteriza por la seguridad en sí misma, la energía y la acción. Frente a la uniformidad del carácter de Calixto, el de Melibea va evolucionando desde su postura indignada del comienzo hasta su amor que la lleva al suicidio.
Los criados.
Durante la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XVIII, como se sabe, el orden social se consideraba como emanado de la voluntad divina. Los estamentos sociales resultaban impermeables unos a otros y la jerarquía social representaba al mismo tiempo una jerarquía ética: la nobleza y el nacimiento traían aparejadas las dotes humanas y morales, mientras el pueblo se consideraba generador de toda clase de vicios y comportamientos pecaminosos. Una ordenación tan simplista resultaba ambigua, si no cuestionable, para los propios contemporáneos, de ahí que fueran abundantes las críticas a esta situación.
La Celestina es buena muestra de ello, Calisto y Melibea, por una parte, son retratados de una manera poco favorecedora para la clase social a que pertenecen; Celestina, por otra, alude en varias ocasiones al comportamiento moral de muchos ministros de Dios. No obstante, la obra parece presentar dos planos claramente distintos en el ámbito social. Estos planos tienen fuerza e importancia muy desiguales a lo largo de la obra. La clase “noble” sólo está representada por Calisto y Melibea, si dejamos las escasas apariciones de los padres de esta última; todos los demás personajes pertenecen al mundo de Celestina, al nivel del “pueblo”.
Los personajes populares, con su lenguaje variopinto y descarnado, y la ambientación de su mundo habrán de suscitar cierto interés morboso entre las clases altas, que eran las poseedoras de la cultura. Esto explicaría el auge de la novela picaresca años más tarde. Pero la presencia de los criados en La Celestina no puede interpretarse desde este solo punto de vista, sino que hay que ver en ellos también un importante papel dramático.
Estos personajes, vinculados a la realidad del cuerpo, a la sensualidad elemental, también presentan divisiones entre ellos. Sempronio y Elicia reproducen punto por punto los vicios de su admirada Celestina: codicia, cinismo, carencia de sentimientos morales,…Pármeno, por el contrario, manifiesta el sentido moral y la voluntad de ayudar a su amo para que no caiga en las redes de la vieja; pero, cuando cae en brazos de Areusa, su carácter cambia, volviéndose tan cínico como su compañero, para ejemplificar de forma todavía más contundente la lección moral que se desprende de la obra. En cuanto a Elicia y Areusa, la obra nos da a entender que serán dignas sucesoras de Celestina.
Cada uno de ellos posee, a la vez, un carácter individual que lo separa de los demás. Sempronio, derivado del falso sirviente de la comedia terenciana, es inteligente, pero hipócrita, receloso, rencoroso y cobarde; Pármeno, más joven, es leal a su amo, y parece ser ejemplo de la estimación que los amos deben a los sirvientes fieles; Sosia, tomado también de Terencio, y Tristán son personajes menores, pero no poco importantes. Las criadas femeninas, Lucrecia, Elicia y Areusa, desempeñan cada una un papel significativo dentro de la obra, y ninguna responde al personaje estereotipado que se encuentra en la literatura anterior. Sempronio es un ser codicioso, egoísta y cobarde, pero que se amolda dócilmente a su condición de sirviente y simula astutamente una fidelidad que no siente.
Pármeno comienza siendo honrado y sinceramente fiel, pero vencido por su envidia hacia Sempronio y por la sutilidad de Celestina, termina cayendo mucho más bajo que éste porque es más cerebral. Con estos dos personajes entra en el arte, según Menéndez Pelayo, el tipo de criado libre, consejero y confidente de su amo, en una situación próxima a un camarada, que en el s. XVII dará lugar al “gracioso”; sin embargo, en La Celestina todavía se trata de un personaje verídico, sin los convencionalismos del siglo de oro. En Rojas comienza el paralelismo entre los amores de amos y criados tan frecuente en nuestro teatro clásico. Con respecto a Centurio, es una creación totalmente original basada en la observación de los rufianes de la realidad social coetánea. Sin embargo, está clara su relación con el “miles gloriosus” de la comedia romana. El nombre, incluso, parece sacada de Plauto o Terencio, como lo es su fanfarronería. Rojas, sin embargo, se dedica a parodiarlo. Al fin y al cabo, el personaje latino es siempre soldado de veras; el de La Celestina es, en cambio, embustero y cobarde. Es decir, una caricatura divertida, que no posee ni la complejidad ni el interés psicológico de los otros personajes. Si recordamos, Miguel Marciales supone que este personaje no es creación de Fernando de Rojas.
Los padres. Los personajes de Pleberio y de su mujer, Alisa, son tal vez los más enigmáticos de La Celestina. Repetidas veces se asegura al lector que se trata de una familia de la más alta aristocracia de la ciudad, pero, en verdad, cuando se presentan en su amplia mansión, con su huerto deleitoso y su torre señorial, piensan, hablan y actúan como burgueses. Es posible que Rojas quisiera con ello caricaturizar a la aristocracia.
El papel de Alisa es contradictorio. Por una parte, se nos asegura que es mujer resuelta, impaciente y recelosa; por otra, no es capaz de advertir en todo un mes que su casa ha sido escenario nocturno de los amores de Calisto y Melibea, y, finalmente, se desmorona física y moralmente al conocer (acto XX) que su hija está sufriendo.
Pleberio es personaje de poca importancia hasta los dos últimos actos. A lo largo de la obra, los personajes dan a entender que se trata de un padre autoritario de tipo tradicional, pero cuando entra en escena se revela como una persona más bien ingenua, de índole afectuosa, vacilante y poco prudente. Lo más curioso, sin embargo, es el modo de comportarse este padre aristocrático, al oír de boca de su hija cómo ella ha difamado su honra y la de toda la familia. No profiere palabras de indagación ni de represión, sino de cariño. Cuando reprende a su hija, lo hace porque su suicidio le priva de su compañía querida.

Anuncios
No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: