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Novísimos (1968)

agosto 28, 2008

   

Antonio Colinas nació en La Bañeza, León, en 1946. Es responsable de cerca de un centenar de volúmenes de los que más de una tercera parte son de poesía. El resto se dedican a la novela, el cuento, el ensayo, la biografía, los viajes, la traducción y la labor antológica. Sus poemarios, tal y como se recogen en El río de sombra, Treinta y cinco años de poesía, 1967-2002 (Madrid, 2004), incluyen trece títulos: Junto al lago (1967), Poemas de la tierra y de la sangre (1969), Preludios a una noche total (1969), Truenos y flautas en un templo (1972), Sepulcro en Tarquinia (1975), Astrolabio (1979), En lo oscuro (1971), Noche más allá de la noche (1983), Jardín de Orfeo (1988), La muerte de armonía (1990), Los silencios de fuego (1992), Libro de la mansedumbre (1997), Tiempo y abismo (2002) y Desiertos de la luz (2008). Bibliografía pormenorizada en www.lbonline.net/colinas

Su obra ha sido acreedora de numerosos premios y reconocimientos, entre los que destacan el Premio Nacional de la Crítica (1975), el Premio Nacional de Literatura (1982) y el Premio de las Letras de Castilla y León (1999). En Italia recibió en 1999 el Premio Internacional Carlo Betocchi, en reconocimiento a su labor como traductor y estudioso de la cultura italiana, y en 2005 el Premio Nacional de Traducción, concedido por el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, por su traducción de la Poesía Completa de Salvatore Quasimodo.

Su poesía, de lenta y pausada gestación, busca la exactitud y el conocimiento a través de su propio periplo existencial, que, de esta manera, se desvela, ahonda y vivifica. Colinas es un nómada que ha pasado de su León de la infancia a la Córdoba adolescente; del Madrid universitario al lectorado en Italia (Universidades de Milán y Bérgamo); del encuentro con Ibiza (allí pasó veintiún años) a la madurez de Salamanca, donde permanece desde 1998. La naturaleza y libros fueron las dos primeras fuentes de aprendizaje. En Córdoba, el autor profundiza en la lectura de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o Ricardo Molina. Ya en Madrid publica Preludios a una noche total (1969), poemario con el que se inicia su andadura por la poesía española. Su estancia en Italia supondrá un periodo de auténtico deslumbramiento de la cultura romántica: Byron, Shelly, Keats, Goethe o Stendhal. Su libro más imbuido de la cultura italiana es Sepulcro de Tarquinia (1975), en el que lo latino es uno de los motivos del texto y le granjeó a Colinas la fama de poeta culturalista, en la línea de algunos poetas de su generación. De Italia tradujo a Dante, Leopardi o Quasimodo

En Ibiza, donde permanece más tiempo, el poeta se impregna del espíritu mediterráneo, pero de una manera de sentida y universalizada. Se adentro en el pensamiento primitivo oriental (Mircea Eliade, Jung o María Zambrano son los guías por un mundo venerado). Del tao�smo y el misticismo, tal y como puede comprobarse en una obra de la envergadura de Noche m�s all� de la noche (1983). Por �ltimo, en Salamanca, de nuevo en la meseta, el poeta retoma el contacto directo con los elementos originarios, anteriormente descritos para su estancia en La Ba�eza durante su infancia y temprana adolescencia. En esta ciudad castellana desarrolla lo que podr�amos considera una tercera etapa, que se corresponde con sus dos �ltimos poemarios, en la que ahonda en el concepto de mansedumbre, que el poeta entiende como un estado de m�xima aceptaci�n de cuanto sucede, tras un arduo y doloroso camino de asimilaci�n personal de las vicisitudes y contradicciones de la vida, que le permite experimentar la paz, as� como profundizar en los nexos de uni�n del hombre con la realidad que le circunda, y, en especial, con la naturaleza. No en vano, el primero de estos libros se titula Libro de la mansedumbre (1997).

            Se trata, en suma, de una obra cuya po�tica, explica con acierto el profesor Jos� Enrique Mart�nez Fern�ndez, �ha de colocarse bajo el signo de Orfeo, que conmueve el orbe son su canto y que ense�a a los hombres los misterios de las cosas�[5]. Una poes�a que, adem�s, tiene como uno de sus pilares vertebradores, acaso el m�s fundamental, la visi�n simb�lica del mundo. De hecho, la capacidad de percepci�n simb�lica del poeta leon�s abarca el campo te�rico, explorado con ah�nco en sus ensayos; y el art�stico, desarrollado en su poes�a. De esta manera, Colinas ve con frecuencia en las cosas una segunda realidad. As�, la piedra, la noche, la luz, la cima, la nieve, el agua, el �rbol, el bosque, el r�o, el mar, el camino, el jard�n, algunos animales, la respiraci�n y el amor, por s�lo citar algunos, son s�mbolos en los que Colinas lee correspondencias y ense�anzas con y para la vida del hombre.


[1] Antonio Colinas, Para una antolog�a de mi poes�a,  pr�logo a La hora interior, p. 7;  cita  Jos� Enrique Mart�nez Fern�ndez, En la luz respirada, C�tedra, Madrid, 2004, p. 13.

[2] Jos� Enrique Mart�nez Fern�ndez,  op. cit., pp. 14-33.

[3] Antonio Colinas, Del pensamiento inspirado I, pp. 56-69;  cita  Jos� Enrique Mart�nez Fern�ndez, op. cit., p. 30.

[4] �bid.

[5] Op. cit., p. 34.

Bibliografía esencial

COLINAS, Antonio: El río de sombra, Treinta y cinco años de poesía, 1967-2002, Madrid, Visor, 2004.  

 

 

 

 

MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, Enrique: En la luz respirada, Madrid, Cátedra, 2004.

 

 

 Internet

-lbonline.net. Antonio Colinas: <http://www.lbonline.net/colinas/bibliografia.html>  

hottopos.com. Mitolog�a Cl�sica en la Poes�a de Antonio Colinas � Truenos y flautas en un templo (1968 � 1970): Manuel Enrique Ferrero Hernández. <http://www.hottopos.com/rih5/ferrero.htm>.

Especulo. Antonio Colinas o el poeta tranquilo: Yolanda Delgado Batista, UCM.
<http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/colinas.html
>.

  

 

 

          

 

Escuchadme, Señor: tengo los miembros tristes.

Con la Revolución Francesa van muriendo

mis escasos amigos. Miradme: he recorrido

los países del mundo, las cárceles del mundo,

los lechos, los jardines, los mares, los conventos,

y he visto que no aceptan mi buena voluntad.

Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso

ser soldado en las noches ardientes de Corfú.

A veces he sonado un poco el violín

y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia

con la música y arden las islas y las cúpulas.

Escuchadme, Señor: de París a Moscú

he viajado en vano, me persiguen los lobos

del santo Oficio, llevo un huracán de lenguas

detrás de mi persona, de lenguas venenosas.

Y yo sólo deseo salvar mi claridad,

sonreír a la luz de cada nuevo día,

mostrar mi firme horror a todo lo que muere.

Señor: aquí me quedo en vuestra biblioteca,

traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces,

sueño con los serrallos azules de Estambul.

Antonio Colinas  (Sepulcro en Tarquinia, 1969) 

 

 

 

 

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