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Ramayana (s. III a. C.)

mayo 17, 2010
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La tradición hindú ha producido dos grandes epopeyas: el Mahabharata y el Ramayana. De 100.000 versos, la primera fue recogida según la tradición por el sabio Vyasa; de 24.000 versos, la segunda es atribuida a Valmiki. Aunque anteriores al inicio de nuestro calendario (s. III a.C.), ambas son obras vivas en India. En 1987, la versión televisiva, en hindi, del Ramayana tuvo una audiencia masiva. Durante la penúltima semana de febrero, cada año, desde tiempos inmemoriales, tiene lugar el Ram Lila, la fiesta de Rama: el Ramayana se representa por pueblos y ciudades. No hay nadie en India que no conozca las hazañas del príncipe Rama y la virtud de su esposa Sita, el rapto de ésta por el demonio Ravana, y las dotes mágicas del mono Hanuman, hijo de Vayu, el dios del viento, con cuya ayuda Rama destruye la ciudad de Lanka y libera a su amada. No hay quien no llore, aún, al ver cómo Sita, para probar su virtud, entra en el fuego y sale indemne de él. No hay quien no salga más íntegro al ver la entereza de los personajes en el cumplimiento de su dharma (su deber, acorde con la ley social).

Rama, en la mente de todos

Tan omnipresente es el nombre de Rama, que se utiliza para acompañar a los muertos en el camino hacia la cremación (Rama nama sathya he: el nombre de Rama es la verdad o para llevar a los niños a dormir. El Ramayana no es sólo una epopeya; también es un poema que puede ser cantado y representado. Ésta era la función del poema en la antigüedad, la de ser oído, y en India hay una estrecha correlación entre la escritura poética, la música y la danza, que se combinan en la dramaturgia, considerada, por ello, la principal de las artes. De ahí que, desde muy temprano, se formasen escuelas de pensamiento que tratasen de poética y dramaturgia. Por casualida, en un pasaje del segundo capítulo de la parte primera, donde Valmiki, introduciéndose a sí mismo como personaje, cuenta que, paseando por la orilla del río Tamasa, se encontró con una pareja de garzas apareándose; en ese instante, la flecha de un cazador atravesó al macho y la hembra lanzó un grito de dolor. Valmiki, lleno de compasión, maldijo así al cazador, pero, apenas hubo hablado, se percató de que aquellas palabras eran versos de cuatro pies que armonizaban con la escala musical de la vina. Como habían surgido de la pena (soka), a ese nuevo metro le dio nombre de sloka. He aquí el origen del Ramayana, el de la métrica sánscrita y el de la primera teoría del gusto estético, que, iniciada por el Tratado de la dramaturgia (Natyasastra) de Bharata en el siglo II, formaría escuela en Cachemira entre los siglos VIII y XI y se ocuparía principalmente de las causas del gusto por la representación. El concepto más importante de esta teoría es el de rasa: sabor o esencia que se destila y se paladea por efecto de la transformación de las emociones.

El drama es, en India, una enseñanza sagrada, es el quinto veda, aquel al que, a diferencia de los otros cuatro, tienen acceso todos los seres humanos, independientemente de la casta a la que pertenezcan. Así como en la representación, así el mundo en el que vives, nos viene a decir. Así como entras y sales de aquél, así entras y sales de este otro al que crees más real. De la misma manera que te has emocionado con los personajes que salieron a escena, así es como te emocionas dentro de tu personaje. El mundo es representación, el gran juego del brahman en el que cada uno, sin saberlo, participa.

VER: EL PAÍS

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