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Gato al agua, por Arcadi Espada

febrero 16, 2011

No podría yo imaginar que después de haber escrito aquí mismo que los escritos y melopeas de Javier Cercas merecen mi atención una vez por década iba a reincidir al cabo de tres semanas. Sin embargo, las circunstancias de su detención y, sobre todo, de la publicidad de su detención, durante la operación policial que ha llevado al acabamiento de una trama de explotación sexual en Arganzuela, me obligan a volver con él.

Como sucede tantas veces en nuestro periodismo no siempre el grano se separa adecuadamente de la paja. Y el hecho de que Cercas estuviera haciendo uso de una de las casas de Arganzuela la misma madrugada, del pasado domingo, en que irrumpió allí la policía ha acabado mezclando innoblemente su nombre con el de los cabecillas de la red. Parece lógico que la policía condujera a comisaría a los clientes de la llamada, en prosa antigua, casa de tolerancia para verificar su identidad; un trámite que acabó con la inmediata puesta en libertad del escritor, sin cargo alguno y tal vez con la ruborizada sorpresa de algún funcionario. Pero no es ni lógico ni justo ni tolerable que su nombre fuera citado al día siguiente en uno de esos siniestros programas televisivos que se llevan el gato del periodismo al agua, pero sólo para escaldarlo.

Mis polémicas con Cercas son más o menos conocidas. Hemos debatido dura y briosamente sobre la realidad y la ficción, la literatura y el periodismo, y también sobre la vanidad humana. Este pasado domingo el diario El País, aún ignorante de su detención (cabe esperar, por cierto, que no se repita con Cercas el bochornoso asunto Vigalondo) publicaba un artículo donde, en cierto modo, el escritor volvía a las andadas. Quién sabe si yo, forzando mi dieta (recuerden, uno por década) habría contestado a ese artículo en la forma y manera que me hubiesen parecido adecuadas. Pero, obviamente, los sucesos de Arganzuela se imponen con la cruda luz de los hechos y aplazan cualquier reanudación de la polémica. Es por completo miserable que alguien haya querido mezclar a Cercas con el tráfico de personas; y hablo perfectamente en serio y no quiero que nadie vea, ni ensartada, mi punta polémica sobre sus manejos con personas y personajes. Cercas podrá ser cualquier cosa, de hecho lo es; pero jamás un malvado. Que hayan arrastrado su nombre por auténticos lupanares, que no son desde luego los de Arganzuela, me llena de de espanto y desprecio. Sobre todo, porque el caso no refleja más que nuestra identidad de inofensivos soldados, al fin y al cabo sólo interesados en las maniobras de la retórica, el estilo y la verdad.

Vaya desde aquí mi fraternal abrazo a la víctima Cercas y mi deseo de que se recupere pronto del mal trago infame. Aquí le espero, seguro de que volverá sabio y recrecido a la lucha.

VER: Diarios de Arcadi Espada

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