Skip to content

4.- Beaudelaire

1.- Charles Baudelaire (1821 – 1867) fue un poeta francés. Paul Verlaine lo incluyó entre los poetas malditos, debido a su vida de bohemia y excesos, y a la visión del mal que impregna su obra. Poeta simbolista, tuvo dos grandes maestros: Théophile Gautier y Edgar Allan Poe, a quien tradujo extensamente.

1.1 Bio

Nació en París el 9 de abril de 1821.

Su padre, Joseph François Baudelaire, fue profesor de dibujo, pintor y funcionario de la Cámara de los Pares. Cuando nació Charles, su padre tenía la edad de sesenta años, y un hijo, Claude Alphonse, fruto de su primer matrimonio.

Su madre fue Caroline Archimbaut-Dufays, quien no llegaba a los treinta años al nacer Baudelaire. Hija de emigrantes franceses en Londres, enseñó inglés a su hijo. Fue criado por la sirvienta de la familia, llamada Mariette, pero se intuye que debió de tener gran peso en la familia. 

Joseph François Baudelaire falleció en 1827, cuando Charles tenía seis años. Dejó una pequeña herencia. Su madre cambió de residencia y, a los veinte meses, Caroline se casó por conveniencia con Jacques Aupick, un vecino suyo de cuarenta años que llegará a ser general comandante en París. Nunca llegó a tener buenas relaciones con Aupick, a quien siempre odió.

Tras las jornadas revolucionarias de 1830, Aupick es ascendido a teniente coronel por su participación en la campaña de Argelia. Dos años más tarde es nombrado jefe del Estado Mayor y se traslada con su familia a Lyon; allí permanecerán cuatro años, estudiando Baudelaire en el Collège Royal de Lyon. El poeta se aburre y escapa de su encierro.

Su madre, se va volviendo cada vez más rígida y puritana. En 1836 su marido asciende a general del Estado Mayor. Vuelven a París, donde Baudelaire es internado en el Collège Louis-le-Grand durante dos años y medio. Lee a Sainte-Beuve, a Chenier y Musset. Consigue el título de Bachiller superior pero, por una falta aún desconocida, es expulsado. 

Juventud y bohemia

 

Jeanne Duval, amante de Baudelarie cuando éste tenía 21 años. Es retratada por Édouard Manet. En 1840 Baudelaire se matricula en la Facultad de Derecho. Comienza a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino y conoce a nuevas amistades, como Gustave Levavasseur y Ernest Prarond. También entabla amistad con Gérard de Nerval, con Sainte-Beuve, Théodore de Banville y Balzac. Intima igualmente con Louis Ménard, poeta y químico. Comienza a llevar una vida despreocupada; los altercados con la familia son constantes debido a su adicción a las drogas y al ambiente bohemio. Frecuenta prostíbulos y mantiene relaciones con Sarah, una prostituta judía del Barrio Latino. Charles la denomina La Louchette (la bizca). Además de torcer la vista, era calva. Probablemente fue ella quien lo contagió de sífilis. Dentro de su obra capital, Las flores del mal, Baudelaire se refiere a Sarah en un poema, probablemente escrito en el momento en que dejó de verla asiduamente, reanudando sus relaciones con su otra amante, Jeanne Duval.

La conducta de Baudelaire, que rechaza entrar en la carrera diplomática, horroriza a su familia. Su padrastro, descontento con la vida libertina que lleva, trata de distanciarlo de los ambientes bohemios de París. En marzo de 1841 un consejo de familia lo envía a Burdeos para que embarque con destino a los Mares del Sur, a bordo de un paquebote. La travesía debía durar dieciocho meses y llevarlo hasta Calcuta, en compañía de comerciantes y oficiales del Ejército. En este periodo escribe uno de sus poemas más célebres “El Albatros”. Pero llegando a la Isla Mauricio, Baudelaire decide interrumpir su viaje y regresar a su país. De regreso en Francia, se instaló de nuevo en la capital, volviendo a sus antiguas costumbres desordenadas.

 

Baudelaire, fotografía de Nadar.

Empezó a frecuentar los círculos literarios y artísticos y escandalizó a todo París por sus relaciones con la joven Jeanne Duval, la hermosa mulata que le inspiraría algunas de sus más brillantes y controvertidas poesías. Destacó pronto como crítico de arte: El Salón de 1845, su primera obra, llamó ya la atención de sus contemporáneos, mientras que su nuevo Salón, publicado un año después, llevó a la fama a Delacroix (pintor, entonces todavía muy discutido) e impuso la moderna concepción estética de su autor.[1] Buena muestra de su trabajo como crítico son sus Curiosidades estéticas, recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los salones, al igual que El arte romántico (1868), obra que reunió todos sus trabajos de crítica literaria. Fue asimismo pionero en el campo de la crítica musical, donde destaca sobre todo la opinión favorable que le mereció la obra de Richard Wagner, que consideraba como la síntesis de un arte nuevo.[2] En literatura, los autores Hoffmann y Edgar Allan Poe, del que realizó numerosas traducciones (todavía canónicas en francés), alcanzaban, también según el criterio de Baudelaire, esta síntesis vanguardista; la misma que persiguió él asimismo en La Fanfarlo (1847), su única novela, y en sus distintos esbozos de obras teatrales.[3]

Últimos años

Tumba de Baudelaire en Montparnasse.

Comprometido por su participación en la revolución de 1848, la publicación de Las flores del mal, en 1857, acabó de desatar la violenta polémica gestada en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado.[4] Ante tales acusaciones Baudelaire respondió:

Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.

Sin embargo, ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra, en 1861. En esta nueva versión aparecieron, además, unos treinta y cinco textos inéditos. El mismo año de la publicación de Las flores del mal, e insistiendo en la misma materia, emprendió la creación de los Pequeños poemas en prosa, editados en versión íntegra en 1869 (en 1864, el diario Le Figaro había publicado algunos textos bajo el título de El spleen de París). En esta época también vieron la luz Los paraísos artificiales (1858-1860), en los cuales se percibe una notable influencia del inglés De Quincey; el estudio Richard Wagner et Tannhäuser à Paris, aparecido en la Revue européenne en 1861; y El pintor de la vida moderna, un artículo sobre Constantin Guys, publicado por Le Figaro en 1863.[5]

En 1864 viaja a Bélgica y residirá dos años en Bruselas. Allí intenta ganarse la vida dictando conferencias sobre arte, pero son un fracaso. En la primavera se encuentra con su editor. Sólo consigue dar tres conferencias sobre Delacroix, Gautier y Los paraísos artificiales, con escasa asistencia de público. Intenta una edición de su obra completa, pero fracasa; se venga de la falta de aceptación escribiendo un panfleto titulado ¡Pobre Bélgica! La sífilis que padecía le causó un primer conato de parálisis en (1865), y los síntomas de afasia y hemiplejía, que arrastraría hasta su muerte, aparecieron con violencia en marzo de 1866, cuando sufrió un ataque en la iglesia de Saint Loup de Namur. Trasladado urgentemente por su madre a una clínica de París, permaneció sin habla, pero lúcido, hasta su fallecimiento, en agosto del año siguiente. Fue enterrado en el Cementerio de Montparnasse, junto a la tumba de su padrastro. Su epistolario se publicó en 1872; los Journaux intimes (que incluyen Cohetes y Mi corazón al desnudo), en 1909; y la primera edición de sus obras completas, en 1939.

Baudelaire, por Gustave Courbet.

En noviembre de 1867, pocos meses después de la muerte de Baudelaire, se vende en pública subasta toda su propiedad literaria. Entre los documentos subastados se encuentran las listas de Poèmes à faire: apuntes y bocetos, asociados a El spleen de París. En este conjunto se hallan los títulos de un grupo de creaciones al que Baudelaire denominó Oneirocrities, el arte de explicar los sueños.

2.- Obra literaria

Poeta maldito, tras su muerte, Charles Baudelaire sería considerado el padre de la poesía moderna. Fue una figura bastante popular en los círculos artísticos de París. Manet incluyó su efigie en su famoso cuadro Música en las Tullerías, y en 1865 grabó dos retratos de él, uno de ellos basado en una fotografía de Nadar.

Las flores del mal

Las flores del mal es una obra de concepción clásica en su estilo, y oscuramente romántica por su contenido, en la que los poemas se disponen de forma orgánica (aunque esto no es tan evidente en las ediciones realizadas tras la censura y el añadido de nuevos poemas). En ella, Baudelaire expone la teoría de las correspondencias y, sobre todo, la concepción del poeta moderno como un ser maldito, rechazado por la sociedad burguesa, a cuyos valores se opone. El poeta se entrega al vicio (singularmente la prostitución y la droga), pero sólo consigue el tedio (spleen, como se decía en la época), al mismo tiempo que anhela la belleza y nuevos espacios (“El viaje”). Es la “conciencia del mal”. La publicación de Las flores del mal, en 1857, le valió una condena por inmoralidad, debido sobre todo a un insidioso artículo aparecido en Le Figaro. La sentencia lo obligó a excluir poemas de la obra, a lo que el autor argumentó que el libro debía ser “juzgado en su conjunto”, tal como él lo había concebido: un poema total, que no seguía un orden cronológico sino un orden de finalidades. Con Las flores del mal, Baudelaire dio fin al ciclo del Romanticismo para abrir paso a la Modernidad, no sólo por la temática de su obra, sino por el replanteamiento estético que en ella se hace y que consiste en el descubrimiento de la belleza en lo “no bello”.

Influencia

Homenaje a Delacroix, Baudelaire (el último sentado del lado derecho)

Su coetáneo Barbey d’Aurevilly, escritor y crítico literario, que fue uno de los primeros en defender la calidad de su obra, dijo de él que fue el Dante de una época decadente.

Baudelaire fue para algunos la crítica y síntesis del Romanticismo, para otros el precursor del Simbolismo, y tal vez haya sido ambas cosas al mismo tiempo. También es considerado el padre espiritual del decadentismo que aspira a épater la bourgeoisie (escandalizar a la burguesía). Los críticos coinciden al señalar que formalmente abrió el camino de la poesía moderna. Su oscilación entre lo sublime y lo diabólico, lo elevado y lo grosero, el ideal y el aburrimiento angustioso (el Spleen) se corresponde con un espíritu nuevo, y precursor, en la percepción de la vida urbana. Además, estableció para la poesía una estructura basada en las antedichas Correspondencias o trasvases perceptivos entre los distintos sentidos, idea ésta que desarrolla en el poema de ese título con el que se abre Las flores del mal. Las correspondencias equivalen a audaces imágenes sensoriales representativas de la caótica vida espiritual del hombre moderno.

El simbolismo de Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, avanzando por el camino de una poesía autónoma, que se representará sólo a sí misma, es especialmente deudor de esta profunda concepción estética de Baudelaire. El trabajo de amplificación expresiva que realizó con la metáfora contribuyó en todo caso a sugerir el terreno ilimitado en el que podía expandirse el sistema de representación de la poesía. Todo lo cual fue de importancia decisiva para el desarrollo de la poesía en el siglo XX, junto con la experimentación de Arthur Rimbaud, el principal de los poetas “malditos”, quizá el mejor heredero de Baudelaire. El propio Rimbaud fue uno de los primeros escritores en exaltar al poeta parisino, tan sólo cuatro años después de su muerte, coronaba a Baudelaire como “Rey de los Poetas, verdadero Dios.”[7] En el mundo de habla inglesa, Edmund Wilson considera a Baudelaire como el autor que imprime la mayor fuerza sobre el movimiento simbolista, a través de su traducción de Edgar Allan Poe.[8]

A comienzos de los años 20 varios autores de primer nivel como Proust, Walter Benjamin y T.S. Eliot retoman el interés por el francés mediante diversos análisis, estudios, ensayos y artículos. En 1930, Eliot elabora su teoría de que Baudelaire que aún no era suficientemente respetado y valorado, incluso en Francia, sostiene que el poeta era “un genio”, y añade que su “virtuosismo técnico, que casi nunca se puede subestimar… ha hecho que sus versos una fuente inagotable para los poetas futuros estudios, no sólo los de su lengua.”[10] Eliot afirmaba que la poesía relevante escrita en Inglés durante los veinte años anteriores había sido influida por Baudelaire. El mismo Eliot se identificaba como parte de la “progenie de Baudelaire”. Siendo totalmente dado a la reutilización de versos y fragmentos de otros escritores se da la paradoja de que pocas veces empleó citas literales del poeta francés, aunque ciertamente sí lo utilizó en uno de sus más grandes poemas: La tierra baldía, donde cita hasta en tres ocasiones a Las flores del mal.

Baudelaire en el teatro

En el año 1983 el escritor argentino Edgar Brau presentó en Buenos Aires, como actor y director, un espectáculo denominado Malditos, cuya columna vertebral estaba constituida por veintiún poemas de Las flores del mal. Cada uno de esos poemas era presentado de acuerdo con el ambiente y la atmósfera que les eran propios, lo cual permitía, por ejemplo, que a la representación despojada de un poema como Recogimiento (Recueillement), le siguiera la fastuosidad visual (constituida por danzas orientales) de La serpiente que danza (Le serpent qui danse) o la intensidad trágica del trabajo coral requerido por el enfrentamiento fraterno que se da en Abel y Caín (Abel et Cain). Fue la primera y única vez en que los poemas de Baudelaire fueron llevados a escena no para ser recitados sino para ser actuados y montados como si se tratara de unas muy reducidas piezas teatrales.

Obras

5.- ACTUALIDAD DE BAUDELAIRE

A continuación tienes una relación de autores y obras influidas por el mundo de las drogas, como  Charles Baudelaire, que en Los paraísos artificiales (1860), Valdemar, Madrid, 2000, analiza los peligrosos vínculos entre el proceso creativo y la adicción, la originalidad del genio y la bondad del arte. 

Abu Nuwás. Cantar al vino. Cátedra. Madrid, 2010. Una de las primeras colecciones de cantos báquicos, a cargo del poeta iraní nacido hacia el 747, tal vez un precedente de la poesía goliárdica o goliardesca.

Poesía goliárdica. Acantilado. Barcelona, 2003. Una antología de poemas medievales acerca de las bondades del vino y de su relación con la poesía y la creación, un canto a la embriaguez y a los placeres carnales. En algún sentido, el jocoso y no el enciclopédico, Sobrebeber, de Kingsley Amis, podría verse como una reencarnación del espíritu goliárdico y de su adoración al alcohol.

Thomas de QuinceyConfesiones de un inglés comedor de opio (1856). Cátedra. Madrid, 2010. Un clásico de la drogodependencia que influyó en la concepción de Los paraísos artificiales, de Baudelaire.

Guillaume Apollinaire. Alcoholes (1913). Traducción de José Ignacio Velázquez. Cátedra. Madrid, 2008. El volumen incluye El poeta asesinado. La edición príncipe, Mercure de France (París, 1913), venía precedida de un retrato de Apollinaire por Picasso, hermanados a un tiempo por la vanguardia más excelsa e intuitiva y por la bohemia más militante.

Mijaíl Bulgákov. Morfina (1920). Traducción de Selma Anciar. Anagrama. Barcelona, 2002. Constituye la crónica sórdida de la experiencia con la morfina hasta la muerte, un texto imprescindible sobre la sordidez del lado oculto de la vida.

Raymond Radiguet. El diablo en el cuerpo (1923). Traducción de Lourdes Carriedo. Cátedra. Madrid, 2010. Una historia sombría de adulterio y abyección alimentada por la morbosa juventud de su joven autor, pintado por Modigliani en 1915, en plena guerra mundial, apenas la música de fondo de un drama engendrado por el cinismo y la transgresión.

Jean Cocteau. Opium. Diario de una desintoxicación (1930). Planeta. Barcelona, 2009. La crónica de un vía crucis personal, del doloroso camino de espinas de regreso a la lucidez desde el infierno de la droga, un viaje al fin de la noche del revés.

Henry MillerTrópico de cáncer (1934). Cátedra. Madrid, 2010. Obra maestra de la obscenidad sexual, la transgresión social, la bohemia y las adicciones al alcohol, la morfina y el sexo. Un libro que fue tildado de pornográfico porque se quiso ver en él la marginación del propio escritor protagonista con mejores ojos que con los que se vio su incandescente prosa de vanguardia.

William S. Burroughs. Yonqui (1953). Anagrama. Barcelona, 2014. Un libro mítico, pero a la vez tóxico, escrito bajo el seudónimo de William Lee por uno de los gurús de la generación Beat, que constituye el ejemplo modélico de la bajada a los infiernos de la drogadicción y de la descripción de sus denigrantes protocolos. La crónica del trayecto de ida y vuelta desde el abismo de la droga a su incierto paraíso.

Aldous Huxley. Las puertas de la percepción (1954) y Cielo e infierno (1956). Edhasa. Barcelona, 2009. El autor de Un mundo feliz (1932), novela que también podría formar parte de esta propuesta de biblioteca de la creación y la adicción por la mera creación de la droga soma,describe sus experiencias alucinógenas producto de la ingestión de mezcalina. Huxley asume que el cerebro humano, el raciocinio y las conexiones neurológicas que forman la lucidez —una de las drogas sin asomo de duda más potente, sea dicho de paso— filtran la realidad evitando procesar todas las impresiones e imágenes, y las drogas neutralizan ese filtro, alcanzando a abrirlas puertas de la percepción y de este modo relativizar espacio y tiempo y deformar las impresiones.

William S. Burroughs. El almuerzo desnudo (1959). Anagrama. Barcelona. Clásico indiscutible de la literatura yonqui, es la crónica de las alucinaciones de Lee (alter ego de Burroughs) por Tánger, Estados Unidos, México y su propia mente, y de sus delirios fruto de los efectos provocados por toda suerte de estupefacientes, en especial la heroína y la marihuana.

William S. Burroughs y Allen Ginsberg. Las cartas de la ayahuasca (1963). Traducción de Roger Wolfe. Anagrama. Barcelona, 2011. La correspondencia y algunos otros escritos de los dos autores de la contracultura de los sesenta conforman la crónica del viaje que hizo Burroughs a la selva amazónica en busca del yagué o la ayahuasca, una planta de míticas propiedades alucinógenas y telepáticas, y de los experimentos que él mismo realizó también con la ayahuasca.

Hunter S. Thompson. Miedo y asco en Las Vegas (1971). Anagrama. Barcelona, 2001. El libro sagrado del legendario autor del nuevo periodismo y creador del llamado periodismo gonzo,en el que narra su histérica entrada en Las Vegas cargado de sustancias químicas en su búsqueda quimérica y alucinada del sueño americano. La crónica encendida de un viaje bajo los efectos de los narcóticos.

Henri Michaux. El infinito turbulento. Experiencias con mezcalina y LSD (1964). Traducción de Josep Elías. MCA. Valencia, 2000. Crónica de ocho experimentos bajo los efectos de las drogas con la intención de reflexionar acerca de sus efectos en el proceso creativo. Un libro clásico a caballo entre el informe clínico, la introspección del autor y el proceso de creación. Incluye imágenes de sus célebres dibujos mescalínicos como eje de una deliberación acerca de si es posible la creación al margen del raciocinio.

Charles Bukowski. ‘Los escritores’, Hijo de Satanás (Septuagenarian Stew). 1990. Anagrama. Barcelona, 1997. Una autoparodia pasada de vueltas en torno a narradores estrafalarios siempre borrachos —“quizá escribiría aquella noche. Sencillamente se sentaría a la máquina, abriría la botella de vino. El resto vendría solo”. Y asimismo sus Escritos de un viejo indecente (1973), Anagrama, Barcelona, 1994, que apestan a alcohol y a buena prosa, pero en los que le advierte muy en serio al escritor: “Nunca mezcles pastillas y whisky”. Y en Lo que más me gusta es rascarme los sobacos. E. Pivano entrevista a Bukowski. Anagrama. Barcelona, 1997. El mítico y alcohólico autor californiano se pregunta “¿bebo cuando escribo o escribo cuando bebo?”.

Bret Easton Ellis. American Psycho (1991). Punto de Lectura. Madrid, 2001. Episodios de la vida de Patrick Bateman, un yuppy psicópata, asesino, caníbal y cocainómano de Manhattan a finales de los ochenta. La novela está escrita tal como la escribiría un psicópata, en un estilo obsesivo y maníaco que inyecta en vena el sadismo, la adicción al mal y el vacío existencial, un largo monólogo que expresa con ansiedad el desquiciamiento mental del personaje.

Irvine Welsh. Trainspotting (1993). Anagrama. Barcelona, 1999. Edimburgo convertida en la capital de la miseria y de la droga suburbial, el ruinoso reino de la heroína y la marginación en una época de depresión social por la que deambulan perros callejeros.

Guillermo Cabrera Infante. Puro humo (2000). Alfaguara. Madrid, 2000. Autotraducción de su mítico tratado sobre el tabaco, escrito originalmente en inglés, Holy Smoke, una imprescindible y sumamente inspirada defensa e ilustración del fumar como una de las bellas artes más allá de su condición de adicción común.

Y dos volúmenes teóricos:

Sadie PlantEscrito con drogas (Barcelona, Destino, 2001)

Antonio EscohotadoHistoria general de las drogas (Madrid, Espasa, 2008).

5.2 CINE

TRAINSPOTTING (1996), dirigida por Danny Boyle. Con Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Kelly MacDonald, Kevin McKidd.

CASA DE TOLERANCIA (2011), Título original: L´APOLLONIDE. Dirigida por Bertard Bonello. Sinopsis: París, principios del siglo XIX. Está ambientada en un lupanar, en el que un hombre desfigura el rostro de una prostituta. La cicatriz resultante dibuja en su cara una sonrisa trágica que la marcará de por vida.

 

 

ENLACES

* HOMENAJE A MARCEL DUCHAMP

* Étant donnés (1966), de Marcel Duchamp

 

Anuncios
No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: